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La ayuda del Papa para la crisis humanitaria en Ucrania

La ayuda del Papa para la crisis humanitaria en Ucrania

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz



Sí, recibamos toda la bendición de Dios. Y la bendición de la Navidad nos entra por los ojos, los oídos, los sentidos. Pero no con los colores y sonidos de las vidrieras que ofrecen regalos, saldos, ofertas. No, para recibir la bendición de Dios en Navidad y tener el milagro de que Jesús nazca en nuestro corazón, tenemos que contemplar; tenemos que mirar los rostros de María y de José en el Pesebre, los pastores, los magos, el burro, la vaca, las ovejas. Y hasta sentir los sonidos, las voces, el olor, como si estuviéramos presentes.

La oración de Navidad es oración de contemplación de personas humildes y pobres pero con todo el corazón abierto a Dios; capaces de hacer trabajos y sacrificios, solo porque Dios se los pide, aunque sea imposible entender su misterio. María, José, los pastores en el Pesebre creen y actúan la fe entregando todo lo que tienen, pero no tienen otro tesoro que Jesús niño. Y cuando miramos a Jesús niño, si imaginamos a Dios, como un niño recién nacido, entonces crecen en nuestro corazón afectos de cariño, de ternura, de compasión, de servicio, de fraternidad. Y estos afectos son todo lo contrario de lo que hoy destruye el mundo y hace sufrir a la gente: el rencor, odio, violencia, resentimientos, celos, envidias, que pone el diablo en el corazón para infectar de guerra y violencia las familias, las comunidades, los barrios, el mundo.

Si contemplamos el Pesebre rezando y dejamos crecer en nosotros los afectos que el mismo Dios nos suscita, cambiamos nosotros, cambia nuestro modo de relacionarnos, cambia el mundo. @jesuitaGuillo

 

Fuente: es.radiovaticana.va

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