Liberación por medio del perdón
Un paso importante hacia la verdadera libertad se logra en el momento en que aprendemos a perdonarnos a nosotros mismos. Hay personas que pasan años tratando de sepultar y cubrir las heridas emocionales del pasado. Quizá obtengan alguna satisfacción al perdonar a otros, pero cuando se trata de perdonarse a sí mismos, el proceso se torna en algo fatal y tenebroso. El perdón es la base de la vida cristiana. Si hemos de perdonar a otros y seguir adelante en la vida, debemos considerarnos perdonados y amados incondicionalmente por Dios.
Si usted se siente obsesionado por pecados pasados sabrá lo difícil que es gozar de la vida al máximo. Mucha de la depresión que asedia a nuestra sociedad proviene de estar afanándose bajo la enorme carga de la culpa. Una vez que confesamos nuestro pecado a Dios Él nos perdona y restablece nuestra comunión con Él. Persistir en una actitud que se niega a perdonar es contraproducente. Dios ha borrado el pecado; ya no lo recuerda más (Jeremías 31:34). Nosotros somos los que resucitamos la memoria del pecado perdonado; por consiguiente, nosotros somos los que sufrimos.
Una de las mejores formas que he descubierto para poner fin a pensamientos del pasado es la de escribir una confesión a Dios, firmarla y ponerle fecha. Luego repaso las Escrituras en relación con el perdón de Dios y junto a mi confesión escribo cada versículo en su totalidad. Al terminar el proyecto leo lo que he escrito y lo que Dios tiene que decir acerca de mí y de cualquier pecado. Luego escribo en toda la página, con letras GRANDES Y CLARAS: “perdonado por Dios”, gracias al amor y a la muerte de su Hijo en el Calvario.
Cada ocasión que el enemigo intente sacar a la luz cosas ya viejas, tome una hoja de papel y dígale: “Satanás, me niego a aceptar tus mentiras. El Señor Jesús dijo que tú eras mentiroso y padre de mentira. Basándome en su muerte por mis pecados, afirmo que estoy perdonado por toda la eternidad delante de Dios. Rehúso y rechazo cualquier intento que pongas en mi camino para lograr que yo dude de lo que Cristo ha hecho por mí. Su muerte es suficiente para pagar por mi trasgresión y ahora sé que soy aceptado y amado por Dios”.
Declaraciones como ésta afirman nuestra fe en Dios ya que cuando Él ve nuestro deseo de confiar en Él, se apresura a auxiliarnos con ánimo y protección. El consejero cristiano y autor David Seamands escribe lo siguiente en su libro “La sanidad de los recuerdos”: “Este es otro lugar más en el cual, parados bajo la cruz de Cristo, necesitamos tomar una decisión definitiva de perdonarnos a nosotros mismos y pedirle a Dios que cambie nuestros sentimientos para con nosotros mismos. Tal y como (en Génesis) José lloró porque sus hermanos continuaban auto-flagelándose, Dios está triste porque nosotros no podemos perdonarnos a nosotros mismos”.
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