CORAZON

v. Alma, Endurecer, Espíritu, Mente
Gen 6:5 todo designio .. del c de ellos era .. mal
Gen 50:21 miedo .. Así los consoló, y les habló al c
Num 15:39 no miréis en pos de vuestro c y de
Deu 4:29 si lo buscares de todo c y de toda tu alma
Deu 6:5 amarás a Jehová tu Dios de todo tu c, y de
Deu 32:46 aplicad vuestro c a todas las palabras
Jdg 5:15 de Rubén hubo grandes resoluciones del c
1Sa 10:9 aconteció luego que .. mudó Dios su c
1Sa 13:14 se ha buscado un varón conforme a su c
1Sa 16:7 el hombre mira .. pero Jehová mira el c
1Sa 24:5 después de esto se turbó el c de David
1Sa 25:37 desmayó su c en él, y se quedó como
1Ki 3:9 da, pues, a tu siervo c entendido para
1Ki 11:4 su c no era perfecto con Jehová su Dios
2Ki 5:26 ¿no estaba también allí mi c, cuando
1Ch 22:7 en mi c tuve el edificar templo al
1Ch 28:9 porque Jehová escudriña los c de todos
1Ch 29:17 yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los c
Job 22:22 de su boca, y pon sus palabras en tu c
Job 23:16 Dios ha enervado mi c, y me ha turbado
Job 32:19 de cierto mi c está como el vino que no
Psa 7:9 el Dios justo prueba la mente y el c
Psa 14:1; 53:1


Corazón (heb. lêb, lêbâb; gr. kardí­a). Término, muy frecuente en las Escrituras, que se usa muy raramente con respecto al órgano real de nuestro cuerpo (1Sa 25:37; 2Ki 9:24; etc.). Generalmente designa el asiento de diversas actitudes y emociones y de la inteligencia. La “sencillez de… corazón” del rey Abimelec (Gen 20:5) expresaba la honestidad de intención. De paso cabe destacar que en Hos 13:8 se habla de la cavidad, del recinto (heb. segôr), donde está enclavado el corazón. El endurecimiento del corazón de Faraón (Exo 8:32) indicaba una actitud de rebeldí­a contra Dios (cf Heb 3:7-10). El corazón de los habitantes de Jericó habí­a “desmayado” cuando oyeron lo que Dios habí­a hecho en favor de Israel; es decir, el temor y el terror se habí­a apoderado de ellos (Jos 2:11). Un “corazón de piedra” describe un estado de insensibilidad espiritual y de indiferencia moral (Eze 11:19). Aunque los hombres pueden ser “hipócritas de corazón” (Job 36:13), tener corazones pervertidos (Pro 6:18), orgullosos (21:4), temerosos (Isa 35:4), malos e incrédulos (Heb 3:12), falsos y rebeldes (Jer 5:23) y puedan tener “í­dolos” en su corazón (Eze 14:3), sin embargo, Dios puede dar a cada uno 249 un “corazón de carne”, un “corazón nuevo” (11:19; 18:31), lo que indica un cambio completo de actitudes, deseos y ambiciones (2Co 5:17). Jesucristo mora en el corazón por medio de la fe (Eph 3:17), Expresiones como “sabio de corazón” (Pro 10:8) y “cavilaban en sus corazones” (Mar 2:6) muestran que se atribuí­a al corazón el asiento de la inteligencia (cf Exo 31:6, Deu 29:4; 1Ki 3:9). En Mat 12:40 se encuentra una referencia al “corazón de la tierra”, es decir, la sepultura.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

órgano muscular, de forma cónica y hueco, localizado en el tórax, entre los pulmones, el tamaño equivale al del puño. Es el motor de la circulación de la sangre. Para los hebreos, el c. era la sede de las facultades del hombre, de los pensamientos, los sentimientos, las decisiones, es decir, el c. es el interior del ser humano. En el c. está la conciencia moral del hombre, el salmista le pide a Dios que le dé un c. puro, Sal 51 (50), 12 y 19; el profeta, figuradamente, dice que es necesario circuncidar el c., Jr 4, 4; con la nueva alianza, Dios inscribirá la ley en el c. del hombre, Jr 31, 31-33; le infundirá un c. nuevo, Ez 36, 26. A Yahvéh se le debe buscar y amar con todo el c., Dt 4, 29; 6, 5; 10, 12; 13, 4; Jos 22, 5; Mc 12, 30; Lc 10, 26. El hombre ve lo que aparece a la vista, lo superficial, pero Dios conoce lo interior, el c., a pesar de las apariencias, 1 S 16, 7; Dios examina el c. del hombre, Sal 17 (16), 3; 44 (43), 22; Jr 11, 20; 12, 3.

En las Escrituras figuradamente, se dice que Dios tiene c., que se irrita por la mala conducta del hombre, Gn 6, 6; así­ como también se apacigua, Gn 8, 21; y se lee la expresión según la cual Dios actúa †œsegún su c.†, 1 S 13, 14. Jesús llama bienaventurados a los de c. limpio, Mt 5, 8; lo bueno o lo malo sale del c., Lc 6, 45.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

En las Escrituras el término corazón aparece más de 900 veces, casi nunca con sentido lit.; la excepción principal se encuentra en Exo 28:29-30, que habla del pectoral del juicio sobre el corazón de Aarón. Al corazón se le refiere (como en usos modernos) como el asiento de las emociones (p. ej., Gen 18:5; Psa 62:10) pero también como el asiento del intelecto (p. ej., Gen 6:5) y de la voluntad (p. ej., Psa 119:2). A menudo significa lo más í­ntimo del ser (p. ej., Gen 6:6).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

En la Biblia es.

– Sede de pensamientos, pasiones y deseos. Mat 5:28, Mat 6:21, Mat 12:34-37, Mat 13:19, Mar 7:20-23, Mar 11:23, Luc 1:15, Luc 1:51, Jua 13:2 : – Fuente de rectitud y moralidad: Mat 5:18, Mat 5:13-15, Mat 15:18-20, Jua 13:2.

– Debemos amar a Dios con todo nuestro corazón; es parte del primer mandamiento: Mat 22:37, Mar 12:30-33.

– El Padre y Cristo conocen el corazón del hombre: Mat 9:4, Mat 22:18, Luc 9:47, Luc 16:15, Jua 2:25, Jua 4:28, Jua 4:39.

– Corazón de Jesús: Es nuestro modelo y descanso: Mat 11:29.

– Corazón de Marí­a: Luc 1:38, Luc 1:48; Luc 2:19, Luc 2:35, Luc 2:51.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

En el lenguaje de las Escrituras se habla del c. como el centro de la naturaleza humana, el asiento de las emociones y la voluntad. Tristemente, Dios vio †œque todo designio de los pensamientos del c.† de los hombres †œera de continuo solamente el mal† (Gen 6:5; Gen 8:21). El mandamiento principal dice: †œAmarás a Jehová tu Dios de todo tu c., y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas† (Deu 6:5). Pero el c. del hombre es engañoso †œmás que todas las cosas, y perverso† (Jer 17:9). De él salen las cosas que contaminan al hombre (Mat 15:18-20), por lo cual se nos advierte a tener mucho cuidado con él, por encima de todas las cosas (Pro 4:23), cuidándonos de guardar en él la palabra de Dios para no pecar contra él (Sal 119:11). Dios obra en el c. de las personas por medio de su Espí­ritu Santo (Rom 5:5) produciendo fe, arrepentimiento y amor. El entregar el c. a Dios implica entregarle todo nuestro ser (Pro 23:26).

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, TIPO

vet, El corazón es a menudo mencionado en las Escrituras como el asiento de los afectos y de las pasiones, y también de la sabidurí­a y del entendimiento. De ahí­ que se lea de “el sabio de corazón” (Pr. 16:21); también, el Señor dio a Salomón “un corazón sabio y entendido” (1 R. 3:12). Es el centro del ser del hombre. Pero antes del diluvio el veredicto pasado por Dios sobre el hombre fue que los pensamientos del corazón de ellos eran hacia el mal (Gn. 6:5). Un veredicto similar es el que se halla en Gn. 8:21, después que Noé saliera del arca. El Señor Jesús añade que del corazón del hombre proceden los malos pensamientos y toda forma de maldad (Mr. 7:21). La ley exigí­a al hombre que amara a Dios con todo su corazón. La aceptación del evangelio tiene que ser en el corazón (Ro. 10:9), y Dios da la capacidad al oyente de recibir las buenas nuevas con un “corazón bueno y recto”, lo cual da fruto (Lc. 8:15). En la nueva creación hay un “puro corazón”, siendo conducido el cristiano por el Espí­ritu Santo (1 Ti. 1:5; 2 Ti. 2:22; 1 P. 1:22).

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

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Término que alude en la Biblia con preferencia a fuente de vida moral, intelectual y espiritual y muy pocas veces a la vida fí­sica, como ví­scera relacionada con el movimiento de la sangre. (Gn. 18.5 y Lev. 17.11)

El Evangelio emplea el termino griego kardia y aparece usado 162 veces: 157 aludiendo al corazón humano, dos en referencia al corazón de Jesús (Mt. 11.29 y Mc. 1. 41), dos al Corazón de Marí­a (Lc. 2. 19 y 51) y una al Corazón de Dios (Hech. 13.22 según 1 Sam. 13. 14)

La alusión al corazón se ve con frecuencia en los labios de Jesús, según la referencia de los Evangelistas. Y se alude a ser el corazón la fuente de las intenciones malas o buenas: Mc. 2.6; Lc. 3. 15; Lc. 21. 14; Jn. 16. 6
Es cierto que el concepto de “corazón” no es el actual. Pero es indicativo de la relación con el pensamiento y el amor.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

En la Sagrada Escritura, “corazón” significa la interioridad del hombre, donde tienen lugar sus pensamientos, sentimientos, afectos, motivaciones, actitudes… De ahí­ proceden sus palabras y sus obras (Mt 15,18). Es, pues, como el centro y la sede de todas las facultades espirituales (intelectivas y afectivas). De un corazón “convertido” o abierto a Dios, brota la adoración, confianza, fidelidad, generosidad.

Sólo Dios conoce el corazón (1Sam 16,7; Sal 44,22). Y es el mismo Dios quien lo escruta, prueba, purifica y renueva (Sal 7,10; 51,12; Ez 36,26), para escribir en él su ley (Jer 31,33) y exigir un amor de totalidad (Deut 4,29). El corazón está sano cuando sabe escuchar la Palabra de Dios (Os 2,16; cfr. Lc 2,19.51).

En la tradición cristiana, se ha ido acentuando una doble tendencia una más intelectiva (teológica reflexiva) y otra más afectiva (mí­stica y teológica intuitiva-admirativa). Ambas tendencias se pueden constatar en los escritos espirituales y teológicos de Oriente y Occidente. En el Oriente prevalece la tendencia afectiva-mí­stica.

Dios quiere trasformar el corazón de piedra en “un corazón nuevo” (Ez 18,36; 36,26), para que todos se vuelvan a él “con todo el corazón” (Jl 2,12). En este corazón unificado por el amor, “habita Cristo por la fe” Ef 3,17) y el Espí­ritu Santo comunicado por el Padre (Rom 5,5). Entonces la comunidad eclesial puede llegar a ser “un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32; cfr. Ez 11,19).

Referencias Afectividad, conciencia, contemplación, Corazón de Jesús, Corazón de Marí­a, hombre, persona, silencio.

Lectura de documentos CEC 27-30, 1430-1433, 2517-1519, 2562-2563.

Bibliografí­a J. ESQUERDA BIFET, El camino del corazón (Barcelona, Balmes, 1996); H.W. WOLF, Antropologí­a del Antiguo Testamento (Salamanca, Sí­gueme, 1975). Ver bibliografí­a en Corazón de Cristo, Corazón de Marí­a y otras referencias.

(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)

Fuente: Diccionario de Evangelización

DJN
 
SUMARIO: . El corazón en sentido bí­blico como centro de la personalidad humana. – 2. El corazón en sus manifestaciones al obrar. – 3. La proyección ética de la concepción bí­blica del corazón humano.

1. El corazón en sentido bí­blico como centro de la personalidad humana
Según la mentalidad semita el corazón es el órgano central y más importante del cuerpo (1 Sam 25,37; 2Sam 18,14), en que radica no sólo la vida fí­sica (Gén 18,5; Lc 21,34; He 14,17; Sant 5,5), sino también la vida espiritual, intelectual, afectiva y pasional de la persona. Se comprende que a veces “corazón” (hebr. ; griego í­a) equivalga a “alma” (hebr. nefes: Jos 22,5). En la literatura griega este sentido de corazón se encuentra casi sólo en la poesí­a, mientras que en el mundo semí­tico es corriente en textos no poéticos. El corazón en cuanto sede de la vida espiritual es sinónimo de “hombre interior” en contraposición a “hombre exterior” (Sal 73,26; 1Tes 2,17; 1Pe 3,4) y constituye la persona misma en su interioridad de tal manera que puede traducirse a veces por el pronombre personal (Mt 24.48/Lc 12,45Q [decirse a sí­ mismo]; cf. Mc 2,8). El corazón es la sede u origen de los pensamientos (1 Re 3,11-12; Dan 2,30; Mt 15,19 par.; Mc 2,6.8 par.; Lc 1,66; 2,19.35.51; 3,15; 5,22; 9,47), de la fe y duda (Mc 11,23; Lc 24,38; Rom 10,6-10), memoria (Prov 3,3), deseos, apetencias, pasiones y sentimientos (Mt 5,28 [malos deseos]; 6,21/Lc 12.34Q [avaricia]; Mt 12,34/Lc 6,45Q [frutos]; Lc 24,32 [entusiasmo]; Jn 14,1.27 [tristeza]; 16,6 [tristeza].22 [gozo]; Rom 9,2 [dolor]; 10,1 [anhelo]) y cualidades artí­sticas e intelectuales (Ex 28,3; Prov 2,10). En el corazón se siembra la palabra del evangelio, que el diablo puede hacer infructí­fera arrancándola del corazón (Mt 13,19; Lc 8,12.15; He 5,3-4), se forman los juicios y se toman las decisiones (Prov 16,23; Jn 13,2; 1 Cor 7,37; 2Cor 9,7), pudiendo traducirse a veces a veces “corazón” por “conciencia” (Gén 20,5-6; 1Sam 24,6; 1Jn 3,19-21). En el corazón es donde se comete el pecado (Mt 5,28; Mc 7,21). Puesto que Dios ha escrito la ley divina en los corazones de los hombres, es decir, en sus conciencias, saben éstos por sí­ mismos lo que es bueno o malo sin que nadie se lo diga (Rom 2,15). En el corazón o conciencia del hombre es donde brilla principalmente la luz de la verdad (2Cor 4,6); tiene lugar el acto libre de fe (Rom 10,10). En el corazón como sinónimo del “hombre interior” en oposición a lo exterior es donde se ofrece el sacrificio verdaderamente agradable a Dios: así­ el hombre realmente religioso, aunque exteriormente no sea judí­o ni haya recibido la circuncisión, practica la circuncisión espiritual del corazón (Rom 2,29). Metafóricamente habla el AT del corazón de Dios (1Sam 13,14); a Dios se le atribuye conocimiento, pensamiento, decisiones y afectos (Gén 6,6). El corazón de Dios se revuelve dentro de sí­, y sus entrañas se estremecen al pensar en una posible destrucción de su pueblo (Os 11,8). “Dios es”, sin embargo, “mayor que el corazón humano”, es decir, que el hombre en el más alto desarrollo de sus cualidades y facultades, “y conoce todo”, pero el corazón humano no tiene por que temer, ya que Cristo nos ha abierto el acceso al Padre, siempre que cumplamos el mandamiento del amor al hermano (1Jn 3,19-24).

2. El corazón en sus manifestaciones al obrar
Puesto que el corazón humano es el centro y raí­z de la personalidad humana, donde tienen su origen las acciones (He 8,21; 1Tim 1,5), se hacen a veces afirmaciones que en realidad se refieren a toda la persona: el corazón tiembla (Dt 28,65), desmaya (Jos 2,11; Ez 21,20); nosotros dirí­amos: el hombre tiembla o desmaya. Las palabras y obras pueden manifestar u ocultar el corazón de una persona, o sea revelar o encubrir los motivos por que se obra (Prov 26,23-26; Mt 12,34/Lc 6,45Q; Lc 8,15). Sólo Dios no se deja engañar por las apariencias, sino que mira al corazón (lSam 16,7). Dios conoce (Lc 16,15; He 1,24; 15,8), sondea y examina los riñones y corazones, o sea los móviles más ocultos y profundos (Rom 8,27; Ap 2,23); También Jesús conoce el pensamiento de sus discí­pulos (Lc 9,47). El Señor, es decir, Cristo en su última venida, al final del mundo, descubrirá los designios ocultos de los corazones de los hombres (1 Cor 4,5); los profetas cristianos que convencen al infiel o simpatizante presente en la asamblea litúrgica y ponen al descubierto los secretos de sus corazones, le obligan moralmente a reconocer que Dios está verdaderamente en la iglesia reunida y, por tanto, a convertirse (14,25). Sólo Dios es quien sondea los corazones, o sea, las conciencias (Jer 17,10; 1Tes 2,4); la palabra de Dios discierne los sentimientos y pensamientos del corazón (Heb 4,12). Dios desenmascara la mentira del corazón (Is 29,13-14; Mc 7,6 par.). Jesús desenmascara los pensamientos de los escribas y fariseos (Mc 2,6.8 par.).

3. La proyección ética de la concepción bí­blica del corazón humano.

El corazón en sentido bí­blico encierra especialmente una dimensión ética, ya que las acciones se forjan en lo más profundo del corazón. Así­ exhorta Jesús a amar a Dios con todo el corazón, o sea, con toda la persona (Dt 6,5-6; Mt 22,37; Mc 12,30.33; Lc 10,27) e inculca a sus discí­pulos a que perdonen al hermano desde lo más í­ntimo de sus corazones, es decir, sinceramente (Mt 18,35; cf. He, 8,37; Rom 6,17; 1 Tim 1,5; 2Tim 2,22; I Pe 1,22). El corazón del que no acepta la voluntad de Dios permanece incircuncidado moralmente, aunque sea judí­o (He 7,51). El corazón puede endurecerse (Ex 4,21; Is 6,10; Jer 5,23; Mt 13,15; Mc 3,5; 6,52; 8,17; Jn 12,40; He 7,51; 28,27; Rom 2,5; Ef 4,18; Heb 3,8.15; 4,7), oscurecerse y volverse insensato (Rom 1,21). Los profetas denuncian la obstinación y endurecimiento del corazón del pueblo elegido (Os 13,6; Jer 17,9; 18,12), cuya contumacia puede acarrear castigo (Is 6,9-10). Dios puede, sin embargo, elegir hombres según su corazón para regir o mover a su pueblo por el camino de la salvación (1 Sam 13,14; Jer 3,15; He 13,22). Pero sólo si Dios otorga al hombre un corazón nuevo y escribe en él sus mandamientos (Jer 31,31-34; Ez 36,26; Heb 8,10) puede el hombre realmente cumplir la voluntad de Dios y poseer un corazón nuevo y un espí­ritu nuevo (Ez 18,31). Los creyentes deben obrar con sencillez y sinceridad de corazón (He 2,46); lo contrario es censurado por el apóstol Santiago en su carta (cf. 1,8.26; 4,8). Los que poseen esa sencillez de corazón son llamados por Jesús “bienaventurados” (Mt 5,8). De los primeros cristianos se dice que tení­an un sólo corazón y una sola alma” (He 4,32): la concordia impregnaba sus personas hasta lo más í­ntimo de sus personas. Los fieles deben cantar y salmodiar agradecidos a Dios en sus corazones en los que habita y actúa Cristo por la fe (Ef 5,19; Col 3,16). Así­ nacen la virtud de la humildad según el ejemplo de Cristo (Mt 11,29), la sencillez de corazón y obediencia (Ef 6,5), sobre todo, el amor a Dios y el prójimo (Mt 22,37; Mc 12,33; Lc 10,27). > cuerpo; amor; conversión.

Rodrí­guez Ruiz

FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001

Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret

Una de las palabras fundamentales de la teologí­a bí­blica. El corazón (leb) es la interioridad buena de Dios (cf. Gn 6,56; 8,21; 17,17). Es también la sede más honda de la experiencia humana, el lugar en el que se asientan los afectos, los sentimientos, las pasiones de su vida. Por un lado limita con la Ruah o Espí­ritu de Dios, que es el sí­mbolo de la trascendencia, de la apertura del hombre a lo divino (en una lí­nea que actualmente relacionarí­amos con la gracia). Por otro lado, limita con el nephesh, que es algo así­ como el alma, el lugar del deseo de la vida. La tradición más occidental ha tendido a contraponer el entendimiento y el corazón, es decir, la racionalidad y el mundo de los sentimientos. Por el contrario, en la Biblia el corazón sigue siendo la sede no sólo de los afectos, sino también de las ideas y de los pensamientos. Para entender el sentido de corazón resulta ejemplar la formulación de shetná*: “Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón [leb], con toda tu alma [nephesh], con todas tus fuerzas [me’od]”. Estos son los tres niveles o momentos básicos de la vida humana: el corazón que es la sede básica de las decisiones, el alma o nephesh que expresa sus deseos y las fuerzas de la voluntad que expresan su poder. La Biblia no conoce un pensamiento puramente racio nal, desligado del corazón, pues el mismo corazón es el que piensa. En ese contexto se sitúa la bienaventuranza de los limpios de corazón (Mt 5,7), de quienes se dice que verán (conocerán) a Dios.

Cf. H. W. Wolff, Antropologí­a del Antiguo Testamento, Sí­gueme, Salamanca 1997.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

¿Cómo podemos saber que nuestra caridad no es una farsa, sino la expresión de la apertura de nuestro corazón? He aquí­ los siete imperativos que indican la apertura del corazón. — “Detestad lo malo”; por ejemplo, el horror de estos dí­as, el disgusto de la opinión pública por los escándalos polí­ticos y administrativos, es un hecho positivo. Es un movimiento sincero de caridad aborrecer las tramas inicuas, las asociaciones perversas. — “Abrazaos a lo bueno”, adherios a ello como en una especie de fusión amorosa; formad una sola cosa con el bien, no os dejéis apartar de él por miedo o por omisión. — “Amaos de verdad unos a otros como hermanos”, como miembros de una sola familia. — “Rivalizad en la mutua estima.” La exhortación parece obvia, pero no es tan fácil ponerla en práctica, es decir, abrir el corazón, y decirle al otro: tú vales más que yo y me alegro de ello. — “No seáis perezosos para el esfuerzo.” El celo es aquí­ el interés solí­cito por alguien, el preocuparse por el otro: me preocupo por él, no me zafo de él, no paso de él. Este esfuerzo por preocuparnos del otro o cumplir aquello que nos ha sido encomendado, es especificado por el imperativo siguiente. — “Manteneos fervientes en el espí­ritu.” Es decir, no seáis tibios, perezosos, aburridos, como quien nunca encuentra el tiempo de comprometerse y siempre busca excusas. Sed ardientes, huid de todo estancamiento espiritual. — El séptimo imperativo, que concluye esta serie, es el decisivo: “Servid al Señor”. Es decir: Pablo nos está dando buenos consejos para regular unas relaciones meramente horizontales, pero quiere que busquemos a aquel que está detrás de todas estas actitudes: Jesús. Jesús que nos repite: “Me lo habéis hecho a mí­”; abrázate a lo bueno por mí­, rivaliza por mí­ en la estima del otro, sal por mí­ de ese torpor, de esa indolencia, que tanto daño te hace.

Carlo Marí­a Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997

Fuente: Diccionario Espiritual

En el Antiguo Testamento se considera al corazón como el centro del hombre, fuente del dinamismo vital del cuerpo y también lugar de la vida psí­quica, centro de las facultades espirituales, concretamente de las afectivas. Para el mundo semita-egipcio el corazón es la sede del pensamiento y de la actividad intelectual. En el mundo hebreo el corazón se concibe como el lugar de la comprensión, del razonamiento, de la reflexión, de las opciones del hombre. Las implicaciones de estas dimensiones con la moral transforman el corazón en un elemento de conversión, de temor y reverencia, a veces en un lugar de la presencia misteriosa de Yahveh. En el Nuevo Testamento confluyen estas connotaciones de ambiente semí­tico, pero también se encuentra en él el curioso emparejamiento tautológico ” cor unum et anima una” (Hch 4,2), referido a la primera experiencia espiritual y ~ estructural de los cristianos. La fórmula hebrea del “cor unum” (Ez 11,19) se recoge en el equivalente griego “anima una” (Aristóteles, Etica a Nicómaco, IX, 8, 2).

Los Padres de la Iglesia mantuvieron al principio un lenguaje puramente bí­blico en el uso de la palabra “corazón”, lo mismo que en otros muchos casos, pero a partir del siglo III, sobre todo en Alejandrí­a, tuvieron que enfrentarse con culturas que entendí­an el “corazón” en un sentido anatómico-fisiológico.

En esta confrontación los Padres se sentí­an apoyados por las escuelas clásicas (estoicismo, platonismo), que veí­an en el corazón la sede del entendimiento. Esta influencia se condensa en Orí­genes en la ecuación corazón = inteligencia, adoptada por su gran discí­pulo Gregorio de Nisa, para quien el corazón se identifica con pensamiento-inteligencia-alma. Esta misma complejidad de acepciones se percibe en el uso tan articulado que hace san Agustí­n de la palabra “corazón” especialmente en las Confesiones (1, i, n. 1. IX, 10, nn. 23-25; X, 3, n. 4).

Lentamente empezaron a distinguirse en el perí­odo patrí­stico, y de manera distinta para Oriente y para Occidente, dos acepciones de la palabra, que en san Agustí­n, sin confundirse pero sin excluirse tampoco, habí­an logrado combinarse bastante bien: la primera platonizante/intelectualista, la segunda mí­stica y afectiva.

Esta última, que se formó entre los siglos Y y VII, influyó y conformó casi por entero a la tradición bizantina, expresada por Evagrio, Paladio, Casiano, Marcos el eremita, el monje Isaí­as, el recluso Barsanufio, san Nilo, san Juan Clí­maco, hasta las expresiones más robustas en las Homilí­as del Pseudo-Macario, en Diodoco de Fotica y en el Pseudo-Hesiquio. Este caráctér central del corazón en la espiritualidad oriental se debe también a la aportación de algunas experiencias mí­sticas y prácticas ascéticas como el hesicasmo, que durante algún tiempo fue visto con sospechas, pero que hoy está difundido y se practica también en Occidente.

En Occidente no encontramos esta centralidad mí­stica del corazón que, bajo el influjo de la escolástica, fue comprendido sobre todo como voluntad y amor. En esta última experiencia es en la que pudieron confluir los cistercienses y los franciscanos, la escuela del Carmelo teresiano, la espiritualidad de la renovación del corazón, de la guardia del corazón y también la devoción al sagrado Corazón, que hay que revalorizar y fundamentar en una sana filosofí­a del lenguaje y en una sólida teologí­a bí­blica.

G. Bove

Bibl.: P. Hoffmann – K. Rahner, corazón, en CFT 303-307. H, W Wolff. Antropologí­a del Antiguo Testamento, Sí­gueme, Salamanca 1975, 64-68; AA. VV, Corazón, Cambio del corazón, Corazón de JesúS, Guarda del corazón, en DE, 1, 487-499.

PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995

Fuente: Diccionario Teológico Enciclopédico

í“rgano central del aparato circulatorio cuya función principal es bombear la sangre a través del sistema vascular para alimentar las células del cuerpo. (Le 17:14.)
La Biblia habla mucho del corazón: de un modo u otro se le menciona unas mil veces. Los escritores bí­blicos usan las palabras hebreas (lev, le·váv) y griega (kar·dí­Â·a) para †œcorazón† tanto en sentido literal como figurado.

El corazón literal. Los escritores de la Biblia se refirieron relativamente pocas veces al órgano literal del corazón. Una de ellas es cuando Jehú †œprocedió a asaetear a Jehoram entre los brazos, de manera que la saeta le salió por el corazón†. (2Re 9:24; véase también Ex 28:30.)

El corazón figurado. En la gran mayorí­a de los casos, la palabra †œcorazón† se usa en la Biblia en sentido figurado. Se dice que representa †œla parte central en general, el interior, y, por lo tanto, el hombre interior tal como se manifiesta en todas sus diversas actividades, en sus deseos, afectos, emociones, pasiones, propósitos, sus pensamientos, percepciones, imaginaciones, su sabidurí­a, conocimiento, habilidad, sus creencias y sus razonamientos, su memoria y su consciencia†. (Journal of the Society of Biblical Literature and Exegesis, 1882, pág. 67.)
De modo que en las Escrituras el corazón figurado no se circunscribe a ser el asiento de los afectos y motivos, ni se limita al intelecto. †œEn el pueblo semita […] se atribuí­a al corazón todo lo que es propio del hombre, tanto en la esfera de los sentimientos como en la de la inteligencia y la voluntad.† Era †œla esencia del hombre interior en contraposición a la carne, que es el hombre exterior y tangible†. (L†™emploi metaphorique des noms de parties du corps en hébreu et en akkadien, de E. Dhorme, Parí­s, 1923, págs. 113, 114, 128.)
Para Dios, quien examina los corazones, no cuenta la simple apariencia exterior, sino la clase de persona que se es en realidad en el interior. (Pr 17:3; 24:12; Sl 17:3; 1Sa 16:7.) Por esa razón, las Escrituras aconsejan: †œMás que todo lo demás que ha de guardarse, salvaguarda tu corazón [el hombre interior completo], porque procedentes de él son las fuentes de la vida†. (Pr 4:23.) A las esposas cristianas se las exhorta a dar atención preferencial, no al adorno exterior, sino a †œla persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espí­ritu quieto y apacible, que es de gran valor a los ojos de Dios†. (1Pe 3:3, 4.)
El término †œcorazón† se usa en la Biblia en diferentes ocasiones para referirse a las facultades del pensamiento, pero sin aislarlas del resto de lo que compone la persona interior. Moisés exhortó a los israelitas: †œTienes que hacer volver a tu corazón [†œtienes que recordar a tu mente†, nota], que Jehová es el Dios verdadero†, y más tarde les dijo: †œJehová no les ha dado a ustedes un corazón [†œmente†, nota] para conocer†. (Dt 4:39; 29:4.) Tanto en las Escrituras Hebreas como en las Griegas, †œcorazón† se relaciona con conceptos como †œpensamiento† (Mt 9:4), †œrazonamiento† (Mr 2:6), †œentendimiento† (1Re 3:12; Mr 6:52) y †œconocimiento† (Pr 15:14), lo que muestra que a veces esta palabra abarca el intelecto.
La motivación, la fuerza impelente que conforma nuestra conducta, es otro aspecto de la persona interior representado por el †œcorazón†. Los que contribuyeron para la construcción del tabernáculo †œvinieron, todo aquel cuyo corazón lo impelió†. (Ex 35:21, 26, 29; 36:2.) El inicuo Hamán †˜se envalentonó†™ (literalmente, †˜lo llenó en cuanto a su corazón†™) para conspirar contra los judí­os. (Est 7:5, nota; Hch 5:3.) Hebreos 4:12 explica que la palabra de promesa de Dios, como si de una espada aguda se tratara, puede †œdiscernir pensamientos e intenciones del corazón†. Jesús también indicó que del corazón procede la fuerza motivadora de nuestra conducta, ya sea buena o mala. (Mt 15:19; Lu 6:45.) Con el fin de que cultivemos buenos motivos, la Biblia nos dice que nuestros tratos con otros deben verse libres del deseo carnal de ganancia (Jud 16), y que ni el amor al dinero ni el ansia por las riquezas deben determinar nuestro proceder en la vida. (1Ti 6:9, 10; Pr 23:4, 5.) Por el contrario, nos anima a cultivar verdadero amor a Dios en el que basar nuestro servicio a El (1Jn 5:3; Dt 11:13) y un amor abnegado que guí­e los tratos con nuestros compañeros de creencia (Jn 15:12, 13); también nos estimula a practicar el amor a otros como a nosotros mismos. (Lu 10:27-37; Gál 6:10.) Es obvio que cultivar tales motivaciones implica el uso de las facultades del pensamiento. (Sl 119:2, 24, 111.)
La condición de nuestro corazón figurado se refleja en nuestra disposición, nuestra actitud, ya sea orgullosa o humilde. (Pr 16:5; Mt 11:29.) También son parte del hombre interior nuestros sentimientos y emociones, entre los que se cuentan el amor (Dt 6:5; 1Pe 1:22), el gozo (Dt 28:47; Jn 16:22), el dolor, el desconsuelo (Ne 2:2; Ro 9:2) y el odio (Le 19:17). Así­, el corazón puede estar †œansioso† (Isa 35:4), †œtraspasado† por la aflicción (Sl 109:22) y †˜derretido†™ por el temor (Dt 20:8). Cuando en las Escrituras Griegas Cristianas se menciona a la mente junto con el corazón, la palabra †œmente† alude al intelecto, mientras que el término †œcorazón† se refiere a las emociones, deseos y sentimientos de la persona interior. Por ejemplo, con las palabras: †œTienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente† (Mt 22:37), Jesús mostró que los deseos, sentimientos y emociones de la persona han de revelar su amor a Dios, si bien este también debe revelarse por el uso debido de las facultades mentales al adquirir conocimiento de Dios y de Cristo. (Jn 17:3.)
Todas estas funciones, capacidades, emociones y cualidades no se atribuyen al órgano literal del corazón, sino al corazón figurado, que representa la completa personalidad interior.

El corazón puede ser †œtraicionero†. Aunque Adán era un hombre perfecto, permitió que su corazón fuera seducido; rechazó la verdad y se apartó de Dios. (Véase Snt 1:14, 15.) Como consecuencia, todos los seres humanos, la descendencia del caí­do Adán, han sido concebidos en pecado y dados a luz en error. (Sl 51:5.) Después del Diluvio, Dios dijo de la humanidad pecaminosa en general: †œLa inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud†. (Gé 8:21.)
Dios le dijo a la nación rebelde de Judá: †œEl corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado†. (Jer 17:9.) Esto constituye una advertencia seria para que todos aquellos que quieren agradar a Dios no solo den atención a lo que otros seres humanos ven, sino a la clase de persona que son en realidad, al hombre interior. Tal vez una persona haya sido cristiana por muchos años, tenga un buen conocimiento de la Biblia y se sienta segura de ser capaz de enfrentarse a cualquier situación que se le plantee. No obstante, aunque sepa perfectamente que una acción es mala y que la ley de Dios la condena explí­citamente, los pensamientos y deseos que ha acariciado en secreto pueden seducirle a incurrir en una acción pecaminosa.
Por todo esto, aunque un cristiano conozca la verdad y pueda considerarse maduro, debe recordar lo traicionero que puede ser el corazón y, en consecuencia, evitar por todos los medios colocarse en el camino de la tentación. (Mt 6:13; 1Co 10:8-12.)

Servir con un †œcorazón completo†. El corazón literal ha de estar completo para funcionar con normalidad, pero en el caso del corazón figurado cabe la posibilidad de que esté dividido. David pidió a Jehová: †œUnifica mi corazón para que tema tu nombre†, una prueba de que el corazón puede estar dividido con respecto a sus afectos y temores. (Sl 86:11.) El corazón de una persona puede ser †œirresoluto†, de modo que esta adore a Dios con poco entusiasmo. (Sl 119:113; Rev 3:16.) También es posible ser de †œcorazón doble† (literalmente, †œcon un corazón y un corazón†) e intentar servir a dos amos, o decir engañosamente una cosa y pensar otra. (1Cr 12:33; Sl 12:2, nota.) Jesús denunció con fuerza este tipo de hipocresí­a. (Mt 15:7, 8.)
No se debe intentar agradar a Dios ni de una manera irresoluta ni con un corazón doble, sino que se le tiene que servir con un corazón completo. (1Cr 28:9.) Esto requiere esfuerzo diligente, pues el corazón es desesperado y está inclinado a la maldad. (Jer 17:9, 10; Gé 8:21.) Ayudas para mantener un corazón completo son: la oración sincera (Sl 119:145; Lam 3:41), el estudio regular de la Palabra de Dios (Esd 7:10; Pr 15:28), la participación celosa en la predicación de las buenas nuevas (compárese con Jer 20:9) y la asociación con otros cuyos corazones son completos para Jehová. (Compárese con 2Re 10:15, 16.)

¿Qué significa ser †œfalto de corazón†?
Las Escrituras hablan varias veces de ser †œfalto de corazón†. La obra Lexicon in Veteris Testamenti Libros (de L. Koehler y W. Baumgartner, Leiden, 1958, pág. 470) dice que esta expresión significa †œsin inteligencia†. La obra A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament, de William Gesenius (traducción de E. Robinson, 1836, pág. 517), dice que tal persona está †œvací­a de entendimiento†. El que es †œfalto de corazón† carece de buen juicio o discernimiento. Por ello, el ser †œfalto de corazón† se contrasta con el †œentendimiento† (Pr 10:13) y el †œdiscernimiento†. (Pr 11:12; 15:21.) En otros casos al †œfalto de corazón† se le equipara con el †œinexperto†, el †œtonto†, el que no tiene sabidurí­a. (Pr 7:7; 9:1-9, 16; 10:21.) Al usar el término †œcorazón†, esos versí­culos muestran que algunas cualidades positivas que conforman la persona interior son deficientes.
El contexto de los pasajes en los que se usa la expresión †œfalto de corazón† muestra que esta denota también carencia de buen juicio o discernimiento. En Proverbios 6:32 el sabio dice que aquel que comete adulterio es †œfalto de corazón†. Otras traducciones leen: †œmentecato† (CJ, NC), †œfalto de entendimiento† (Val), †œfalto de buen sentido† (DK, Mod), †œun hombre sin juicio† (NBE). El adúltero es †œfalto de entendimiento† en vista del amargo fruto de su inmoralidad sexual. (Pr 1:2-4; 6:23-25; 7:7, 21-27.) Por fuera tal vez parezca una persona respetable, pero el hombre que es por dentro dista mucho de estar desarrollado debidamente.
Otro proverbio dice: †œUn hombre falto de corazón estrecha las manos, y sale pleno fiador delante de su compañero†. (Pr 17:18.) Quizás movida por el sentimentalismo, esa persona llega a un acuerdo que puede suponerle un serio revés económico. Aunque sus intenciones son buenas y loables sus motivos, de todos modos manifiesta falta de buen juicio.
En contraposición a ser †œfalto de corazón†, los proverbios hablan también de †œadquirir corazón†. Proverbios 19:8 dice: †œEl que adquiere corazón ama su propia alma. El que guarda el discernimiento va a hallar el bien†. La persona que actúa así­ concede gran importancia a lo que en realidad es en lo más profundo de su ser. Usa la mente para adquirir conocimiento exacto de Dios y de sus caminos, medita en esas cosas y se esfuerza por aplicarlas. Moldea con cuidado sus deseos, afectos, emociones y metas en la vida en armoní­a con lo que sabe que Dios aprueba. De esa manera se beneficia a sí­ misma y demuestra que †œama su propia alma†. Por desarrollar así­ la persona interior, †œguarda el discernimiento†, pues fortalece aquellos factores que influyen sensiblemente en su propia capacidad de pensar con claridad y actuar con sabidurí­a.

El corazón de Dios. Como Jehová también tiene afectos y emociones, la Biblia habla de su †œcorazón†. En el tiempo del Diluvio †œse sintió herido en el corazón†, lamentando que los hombres hubieran rechazado su dominio justo, por lo que se le hizo necesario dejar de ser su benefactor y convertirse en su destructor. (Gé 6:6.) Por otra parte, el †œcorazón† de Dios se †˜regocija†™ cuando sus siervos se mantienen fieles. (Pr 27:11.) No obstante, nunca habí­a subido a Su corazón ofrecer cruelmente a humanos en sacrificios quemados, como hicieron algunos israelitas que se desviaron, lo que demuestra que Jehová no admite el tormento eterno. (Jer 7:31; 19:5.)

El centro de una cosa. Ya que el corazón literal es un órgano central del cuerpo, en ocasiones el término †œcorazón† también se aplica al centro o mitad de algo, tal como en las expresiones †œcorazón de la tierra† (Mt 12:40), †œcorazón del mar† (Ex 15:8; Jon 2:3) y †œcorazón del árbol grande†. (2Sa 18:14.) La expresión †œmitad del cielo†, de Deuteronomio 4:11, significa literalmente †œel corazón de los cielos†. (Véase NM, nota.)

Profético. En la profecí­a de Daniel 7:4 el término †œcorazón† se usa en sentido simbólico. En ese pasaje se dice que a la bestia semejante a león, que representa al reino de Babilonia, se †œle hizo pararse sobre dos pies† y se le dio †œel corazón de un hombre†, es decir, perdió el valeroso †œcorazón del león†. (2Sa 17:10.) Después la derrotó el †œoso† simbólico, Medo-Persia. (Da 7:5; véase BESTIAS SIMBí“LICAS.)

Fuente: Diccionario de la Biblia

A. Nombre leb (ble , 3820), “corazón; mente; en medio de”. Leb y su sinónimo lebab aparecen 860 veces en el Antiguo Testamento. La ley, los profetas y los salmos hablan a menudo acerca del “corazón”. La raí­z aparece también en acádico, asirio, egipcio, ugarí­tico, arameo, arábigo y en el hebraico posbí­blico. Los nombres arameos correspondientes aparecen siete veces en el libro de Daniel. La primera vez que aparece “corazón” es en relación con seres humanos, en Gen 6:5 “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón era de ellos era de continuo solamente el mal”. En Gen 6:6 leb se usa en relación con Dios: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón”. “Corazón” puede referirse al órgano del cuerpo: “Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón” (Exo 28:29); “Joab †¦ tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón” (2Sa 18:14); “Mi corazón está acongojado” (Psa 38:10). Leb también puede referirse al interior (“en medio”) de algo: “Se cuajaron los abismos en el corazón del mar” (Exo 15:8 lba); “El monte ardí­a con fuego hasta el corazón de los cielos” (Deu 4:11 rva); “Serás como el que yace en medio del mar” (Pro 23:34). Lebab puede señalar el fuero interno, en contraste con lo externo, como en Deu 30:14 “Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas” (cf. Jl 2.13); “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1Sa 16:7). A menudo lebab y “alma” se usan juntos para mayor énfasis, como en 2Ch 15:12 “E hicieron pacto para buscar al Señor, Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma” (lba; cf. 2Ch 15:15). Nepesh (“alma”; vida; ser) se traduce varias veces como “corazón” en la rv. En cada caso, connota el “fuero interno” (“hombre interior”): “Porque cual es su pensamiento en su corazón [nepesh]), tal es él” (Pro 23:7; “en su alma” rv; “en su mente” rva; “í­ntimos” rv-95; “dentro de sí­” lba; “en sí­ mismo” LBL). Leb puede referirse a la persona o a su personalidad: “Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió diciendo en su corazón” (Gen 17:17 rva); también, “mi corazón ha percibido mucha sabidurí­a y ciencia” (Ec 1.16). Leb se usa además en este sentido en cuanto a Dios: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3:15). “Corazón” puede connotar la fuente de deseo, inclinación o voluntad: “El corazón de Faraón es terco” (Exo 7:14 lba); “todo aquel que sea de corazón generoso, traiga †¦ ofrenda al Señor” (Exo 35:5 lba; cf. vv. 21, 29); “Te alabaré, oh Jehová, Dios mí­o, con todo mi corazón” (Psa 86:12). Leb se usa también cuando Dios se expresa: “Ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo mi corazón y con toda mi alma” (Jer 32:41 lba). Cuando dos personas están de acuerdo se dice que sus “corazones” están bien el uno con el otro: “¿Es recto tu corazón, como mi corazón es recto con tu corazón?” (2Ki 10:15 rva). En 2Ch 24:4 (rv), “Joas tuvo voluntad de reparar la casa de Jehová” (en heb.: “tuvo en su corazón”). El “corazón” se tiene como el centro de las emociones: “Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón” (Deu 6:5); “Al verte, [Aarón] se alegrará en su corazón” (Exo 4:14; cf. 1Sa 2:1). De la misma suerte hay corazones “alegres” (Jdg 16:25), corazones “temerosos” (Isa 35:4) y corazones que “tiemblan” (1Sa 4:13). El “corazón” se tiene como el centro del conocimiento y de la sabidurí­a y como sinónimo de “mente”. Esta acepción aparece a menudo cuando los verbos “conocer” y “saber” acompañan a “corazón”: “Reconoce asimismo en tu corazón” (Deu 8:5); y “Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender” (Deu 29:4). Salomón oró: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo” (1Ki 3:9; cf. 4.29). La memoria es una actividad del “corazón”, como en Job 22:22 “Pon sus palabras en tu corazón”. El “corazón” se tiene como el centro de la conciencia y del carácter moral. ¿Cómo responde uno a la revelación de Dios y del mundo que nos rodea? Job responde: “No me reprochará mi corazón en todos mis dí­as” (27.6). Lo contrario aparece con David al que “le pesó en su corazón” (2Sa 24:10 lba). El “corazón” es la fuente de las acciones del ser humano: “En la integridad de mi corazón y con manos inocentes yo he hecho esto” (Gen 20:5 lba; cf. v. 6). David anduvo “con rectitud de corazón” (1Ki 3:6); y Ezequí­as “con corazón í­ntegro” delante de Dios (Isa 38:3). Únicamente la persona “de manos limpias y corazón puro” (Psa 24:4 lba) puede estar en la presencia de Dios. Leb puede referirse al centro de la rebelión y del orgullo. Dijo Dios: “Porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Gen 8:21 lba). Tiro es como todo ser humano: “Por cuanto tu corazón se enalteció, y porque, a pesar de ser hombre y no Dios, dijiste: “Yo soy un dios †¦ “” (Eze 28:2 rva). Todos llegan a ser como Judá cuyo pecado “está grabado en la tabla de su corazón” (Jer 17:1). Dios controla el “corazón”. Por su “corazón” natural, la única esperanza del ser humano está en la promesa de Dios: “Os daré corazón nuevo †¦ y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Eze 36:26). Por esto el pecador ora: “Crea en mí­, oh Dios, un corazón puro” (Psa 51:10); y “Afirma mi corazón para que tema tu nombre” (Psa 86:11). También, como dice David: “Yo sé, oh Dios mí­o, que tú pruebas el corazón y que te agrada la rectitud” (1Ch 29:17). Por tanto, el pueblo de Dios busca su aprobación: “Escudriña mi mente y mi corazón” (Psa 26:2). El “corazón” simboliza el fuero interno del ser humano, su propia persona. Como tal, es la fuente de todo lo que hace (Pro 4:4). Todos sus pensamientos, deseos, palabras y acciones fluyen desde lo más profundo de su ser. Con todo, ninguna persona logra entender su propio “corazón” (Jer 17:9). Al seguir el ser humano su propio camino, su “corazón” se endurece cada vez más. Pero Dios circuncidará (recortará la inmundicia) del “corazón” de su pueblo, para que le amen y obedezcan con todo su ser (Deu 30:6). B. Adverbio leb (ble , 3820), “tiernamente; amistosamente; confortablemente”. Leb se usa como adverbio en Gen 34:3 “Pero se sintió ligado a Dina †¦ se enamoró de la joven y habló al corazón de ella” (rva; “le habló tiernamente lba”). En Rt 2.13, “al corazón” (rv, rva, nrv) significa “amistosamente” o “bondadosamente”: “Has hablado con bondad a tu sierva”. El vocablo significa “confortablemente” en 2Ch 30:22 y en Isa 40:2:

Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento

1. kardia (kardiva, 2588), el corazón (cf. los términos castellanos cardiaco, cardiólogo, etc.), el principal órgano de la vida fí­sica (“porque la vida de la carne en la sangre está”, Lev 17:11), ocupa el puesto más importante en el sistema humano. Mediante una fácil transición esta palabra vino a significar toda la actividad mental y moral del hombre, incluyendo tanto sus elementos racionales como emocionales. En otras palabras, se usa el corazón de manera figurada para denotar las corrientes escondidas de la vida personal. “La Biblia declara que la depravación humana halla su asiento en el “corazón”, debido a que el pecado es un principio que halla su asiento en el centro de la vida interna del hombre, contaminando por ello todo el cí­rculo de sus acciones (Mat 15:19,20). Por otra parte, las Escrituras consideran al corazón como la esfera de la influencia divina (Rom 2:15; Act 15:9). El corazón, al estar tan en el interior, contiene al “hombre interno” (1Pe 3:4); esto es, al hombre real. Representa el verdadero carácter, pero lo esconde” (FJ. Laidlaw, en el Hastings†™ Bible Dictionary). En cuanto a su utilización en el NT, denota: (a) el asiento de la vida fí­sica (Act 14:17; Jam 5:5); (b) el asiento de la naturaleza moral y de la vida espiritual, el asiento del dolor (Joh_14 1; Rom 9:2; 2Co 2:14); del gozo (Joh 16:22; Eph 5:19); de los deseos (Mat 5:28; 2Pe 2:14); de los afectos (Luk 24:32; Act 21:13); de las percepciones (Joh 12:40; Eph 4:18); de los pensamientos (Mat 9:4; Heb 4:12); del entendimiento (Mat 13:15; Rom 1:21); de los poderes de raciocinio (Mc 2.6; Luk 24:38); de la imaginación (Luk 1:51); de la conciencia (Act 2:37; 1 Joh 3:20); de las intenciones (Heb 4:12, cf. 1Pe 4:1); de los propósitos (Act 11:23; 2Co 9:7); de la voluntad (Rom 6:17; Col 3:15); de la fe (Mc 11.23; Rom 10:10; Heb 3:12). El corazón, en su sentido moral en el AT, incluye las emociones, la razón, y la voluntad. 2. splagcnon (splavgcnon, 4698), entrañas, siempre en plural, denota propiamente los órganos fí­sicos de los intestinos, y se usa una vez así­ en Act_1 18 (para su utilización por parte de griegos y hebreos, véase CARIí‘O). En 2Co 6:12 se traduce “corazón”, así­ como en Flm 7 y 20, lit., “entrañas”. Véanse CARIí‘O, ENTRAí‘ABLE, ENTRAí‘AS. 3. sklerokardia (sklhrokardiva, 4641), dureza de corazón (skleros, duro, y kardia). Se usa en Mat 19:8; Mc 10.5; 16.14.¶ En la LXX, Deu 10:16; Jer 4:4:¶ 4. kardiognostes (kardiognwvste”, 2589), uno conocedor de corazones (kardia y ginosko, conocer). Se usa en Act 1:24; 15.8. Véase también CONOCER.¶

Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento

Las resonancias que suscita la palabra “corazón” no son idénticas en hebreo y en nuestra lengua. En nuestra manera de hablar, el corazón está ligado con la vida afectiva: el corazón ama o detesta, desea o teme; en cambio, no se le atribuye ninguna función en la actividad intelectual. El hebreo habla del corazón en un sentido mucho más amplio. El corazón es lo que se halla en lo más interior; ahora bien, en lo í­ntimo del hombre se hallan, sí­, los sentimientos, pero también los recuerdos y los pensamientos, los razonamientos y los proyectos. El hebreo habla, pues, con frecuencia del corazón en casos en que nosotros dirí­amos memoria, o espí­ritu, o conciencia: “anchura de corazón” (lRe 5,9) evoca la extensión del saber, “dame tu corazón” puede significar “préstame atención” (Prov 23,26), y “corazón endurecido” comporta el sentido de espí­ritu cerrado. Según el contexto puede restringirse el sentido al aspecto intelectual (Mc 8,17), o por el contrario extenderse (Act 7,51); el corazón del hombre designa entonces toda su personalidad consciente, inteligente y libre.

1. Corazón y apariencia. En las relaciones entre personas es evidente que lo que cuenta es la actitud interior. Pero el corazón se sustrae a las miradas. Normalmente el exterior de un hombre debe manifestar lo que hay en el corazón. Así­ se conoce el corazón, indirectamente por lo .que de él expresa el *rostro (Eclo 13,25), por lo que dicen los *labios (Prov 16,23), por lo que revelan los actos (Le 6,44s). Sin embargo, palabras y comportamientos pueden también di-simular el corazón en lugar de manifestarlo (Prov 26,23-26; Eclo 12,16) : el hombre tiene la tremenda posibilidad de aparentar. Al mismo tiempo su corazón tiene también dobleces, pues el corazón es el que impone una determinada expresión externa, al mismo tiempo que adopta interiormente posiciones muy diferentes. Esta doblez es un mal profundo, que la Biblia denuncia con vigor (Ezlo 27,24; Sal 28,3s).

2. Dios y el corazón. También frente al llamamiento de Dios trata el hombre de salir del paso con la doblez. “Dios es un fuego devorador” (Dt 4,24): ¿cómo afrontar sus exigencias tan radicales? El mismo pueblo escogido no cesa de buscar rodeos. Para dispensarse de una auténtica conversión, trata de contentar a Dios con un *culto exterior (Am 5,21…) y con buenas palabras (Sal 78,36s).

Solución ilusoria : a Dios no se le puede engañar como se engaña a los hombres; “él hombre mira a las apariencias, pero Yahveh mira al corazón” (1Sa 16,7). Dios “escudriña el corazón y sondea los *riñones” (Jer 17,10; Eclo 42,18) y desenmascara la mentira declaran-do: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí­” (Is 29,31). Así­, delante de Dios, se ve el hombre puesto en cuestión en lo más profundo de su ser (Heb 4,12s). Entrar en relación con Dios es “arriesgar el corazón” (Jer 30,21).

3. Necesidad de un corazón nuevo. Israel fue comprendiendo cada vez más que no puede bastar una religión exterior. Para hallar a Dios hay que “buscarlo con todo el corazón” (Dt 4,29). Israel comprendió que de una vez para siempre debe “fijar su corazón en Yahveh” (ISa 7,3) y “*amar a Dios con todo su corazón” (Dt 6,5), viviendo en entera docilidad a su *ley. Pero toda su historia demuestra su impotencia radical para realizar tal ideal. Es que el mal le ataca en el corazón. “Este pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz” (Jer 5,23), “un corazón *incircunciso” (Lev 26,41), “un corazón con doblez” (Os 10,2). En lugar de poner su fe en Dios, “han seguido la inclinación de su mal corazón” (Jer 7,24; 18,12), y así­ han cargado sobre ellos calamidades sin cuento. Ya no les queda sino “desgarrar su corazón” (Jl 2,13) y presentarse delante de Dios con un “corazón quebrantado y deshecho” (Sal 51,19), rogando al Señor les “cree un corazón puro” (Sal 51,12).

4. Promesa. Y tal es ciertamente el designio de Dios, cuyo anuncio reanima a Israel. El *fuego de Dios es, en efecto, un fuego de amor; Dios no puede pretender la destrucción de su pueblo; sólo ante esta idea se le revuelve el corazón (Os 11,8). Si ha conducido al desierto a su esposa infiel, es para hablarle de nuevo al corazón (Os 2,16). Así­ pues, se pondrá término a sus pruebas y comenzará otra época caracterizada por una renovación interior que obrará Dios mismo. “Circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes para que ames a Yahveh, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y vivas” (Dt 30,6). Los israelitas no serán ya rebeldes. pues Dios, estableciendo con ellos una nueva alianza, “pondrá su ley en el fondo de su ser y la escribirá en su corazón)) (Jer 31,33). Todaví­a más: Dios les dará otro corazón (Jer 32,39), un corazón para *conocerle (Jer 24,7; comp. Dt 29,3). Después de haber ordenado: “Haceos un corazón nuevo” (Ez 18,31), promete Dios realizar él mismo lo que ordena: “Yo os purificaré. Yo os daré un corazón nuevo, pondré en vosotros un *espí­ritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón de *piedra y os daré un corazón de *carne” (Ez 36,25s). Así­ se asegurará una unión definitiva entre Dios y su pueblo.

5. Don. Esta promesa se cumplió por Jesucristo. Jesús, volviendo primero a la enseñanza de los profetas. pone en guardia contra el formalismo de los *fariseos; atrae la atención hacia el verdadero mal, el que viene del corazón: “Del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios…: esto es lo que hace impuro al hombre” (Mt 15,19s). Jesús recuerda la exigencia divina de generosidad interior: hay que recibir la palabra en un corazón bien dispuesto (Lc 8,15), amar a Dios de todo corazón (Mt 22,37 p), perdonar al hermano del fondo del corazón (Mt 18,35). A los corazones puros promete Jesús la visión de Dios (Mt 5,8). Pero, superando en esto a todos los profetas, esta *pu-reza él mismo, “manso y humilde ,de corazón” (Mt 1129), la confiere a sus discí­pulos (Mt 9,2; 26,28). Resucitado, los ilumina: mientras les hablaba, su corazón ardí­a en su interior (Lc 24,32).

En adelante la *fe en Cristo, adhesión del corazón, procura la renovación interior, de otra manera inaccesible. Es lo que afirma san Pablo:”Si tu corazón oree que Dios lo ha resucitado de los muertos, serás salvo. Porque la fe del corazón obtiene la justicia” (Rom 10,9s). Por la fe se iluminan los ojos del corazón (Ef 1,18); por la fe habita Cristo en los corazones (Ef 3,17). En los corazones de los creyentes se derrama un espí­ritu *nuevo, “el Espí­ritu del Hijo, que clama : Abba, Padre” (Gál 4,6), y con él, “el amor de Dios” (Rom 5,5). Así­ “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarda nuestros corazones” (Flp 4,7). Tal es la nueva alianza, fundada en el sacrificio de aquel al que el oprobio destrozó el corazón (Sal 69,21).

Juan apenas si habla del corazón, a no ser para desterrar la turbación y el temor (Jn 14,27), pero proclama en otros términos el cumplimiento de las mismas promesas: habla de *conocimiento (lJn 5,20; cf. Jer 24,7), de *comunión (1Jn 1,3), de amor y de vida eterna. Todo esto nos viene por Jesús, crucificado y glorificado: del interior de Jesús (Jn 7,38; cf. 19,34) brota una fuente que renueva í­ntimamente al fiel (4, 14). Jesús en persona viene dentro de los suyos para darles la vida (6,56s). Hasta se podrí­a decir que, según Juan, Jesús es el corazón del nuevo Israel, corazón que pone en í­ntima relación con el Padre y establece entre todos la unidad: “yo en ellos y tú en mí­, para que sean perfecta-mente uno” (17,23; cf. 11,52; Act 4,32); que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos” (Jn 17,26).

-> Amor – Conocer – Espí­ritu – Rostro – Labios – Riñones – Simple.

LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas

  1. Psicología bíblica. Los puntos de vista hebreo y cristiano sobre la naturaleza del hombre se desarrollaron en un medio religioso. No hay una psicología sistematizada o científica en la Biblia. Sin embargo, son dignas de destacar ciertas concepciones fundamentales: (1) En el AT no hay un énfasis muy marcado en la individualidad, sino más bien en lo que hoy frecuentemente se llama personalidad corporativa. Sin embargo, (2) A.R. Johnson ha mostrado que una característica fundamental de la antropología del AT es la consciencia de totalidad. El hombre no es un cuerpo más un alma, sino una unidad viviente de poder vital, un organismo psicofísico (Aubrey R. Johnson, The Vitality of the Individual in the Thought of Ancient Israel, University of Wales Press, 1949). (3) Los hebreos pensaban que el hombre era influido desde afuera—por espíritus malos, el diablo, o el Espíritu de Dios—mientras en la psicología moderna (véase) el énfasis tiende a ponerse en los factores dinámicos que operan desde el interior (aunque en el presente hay un nuevo interés en el estudio de las fuerzas ambientales como factores que influyen en la conducta humana). (4) El estudio de palabras específicas en el AT y en el NT proporciona un punto de vista completo de las concepciones hebrea y cristiana del hombre (véase). (Véase John Laidlaw en HDB, artículos «Psicología», «Mente», «Corazón», «Alma», «Espíritu», «Carne», «Cuerpo»).
  2. Uso en el AT. Hay varias expresiones hebreas que en las versiones castellanas se traducen «corazón», siendo las principales palabras leḇ y leḇaḇ. En un sentido general, corazón quiere decir «en medio, la parte más interna o escondida de algo» (John Laidlaw, HDB, II, p. 317). Así el medio (o corazón) del mar (Sal. 46:2); de los cielos (Dt. 4:11); de la encina (2 S. 18:14).

En el sentido fisiológico, el corazón es el órgano central del cuerpo, el asiento de la vida física. Así, el corazón de Jacob se «afligió» (Gn. 45:26); el corazón de Elí «estaba temblando» (1 S. 4:13).

Pero, como otras expresiones antropológicas del AT, «corazón» se usa a menudo en un sentido psicológico como el centro o foco de la vida personal interior. El corazón es la fuente o manantial de las motivaciones, el asiento de las pasiones, el centro de los procesos de pensamiento, el resorte de la consciencia. En realidad, el corazón se asocia con lo que ahora se conoce como los elementos cognoscitivos, afectivos y volitivos de la vida personal.

El libro de Proverbios ilumina en este punto: El corazón es el asiento de la sabiduría (2:10; etc.); de la confianza (3:5); diligencia (4:23); perversidad (6:14); las imaginaciones malvadas (6:18); la codicia (6:25); la astucia (7:10); del entendimiento (8:5); del engaño (12:20); de la necedad (12:23); la congoja (12:25); la amargura (14:10); el dolor (14:13); el hastío (14:14); la alegría (15:13); conocimiento (15:14); el gozo (15:30); la altivez (16:5); la arrogancia (18:12); la prudencia (18:15); el mal humor (19:3); la envidia (23:17).

III. Uso en el NT. La palabra en el NT es kardia. También tiene una amplia connotación psicológica y espiritual. Nuestro Señor enfatizaba la importancia del estado correcto del corazón. Es el de puro corazón el que verá a Dios (Mt. 5:8); el pecado se comete primero en el corazón (Mt. 5:28); del corazón proceden los malos pensamientos y las malas acciones (Mt. 15:19); el perdón debe venir del corazón (Mt. 18:35); los hombres deben amar a Dios con todo el corazón (Mt. 22:37); la palabra de Dios se siembra y debe fructificar en el corazón (Lc. 8:11–15).

El uso que Pablo hace de kardia sigue una línea similar. Según el Dr. Robinson, en 15 casos el corazón denota personalidad, o la vida interior en general (p. ej., 1 Co. 14:25); en 13 casos, es el asiento de estados emocionales conscientes (p. ej., Ro. 9:2); en 11 casos, es el asiento de las actividades intelectuales (p. ej., Ro. 1:21); en 13 casos es el asiento de la volición (p. ej., Ro. 2:5) (H. Wheeler Robinson, The Christian Doctrine of Man. 3a ed., T & T Clark, Edimburgo, 1926). Pablo usa otras expresiones, tales como mente, alma y espíritu para aumentar la concepción del hombre; pero, hablando en términos totales, se puede decir que la palabra kardia del NT reproduce y expande las ideas incluidas en las palabras leḇ y leḇaḇ del AT.

  1. El Evangelio del corazón nuevo. Dado que el corazón es considerado el centro o foco de la vida personal del hombre, la fuente de todos sus deseos, motivos y decisiones morales—incluidas todas sus tendencias de conducta—no es sorprendente notar que en ambos Testamentos el llamamiento divino se dirige al «corazón» del hombre.

El tema es demasiado amplio como para permitir un tratamiento completo aquí, pero podemos ofrecer un bosquejo de las principales ideas. Los malos designios, según los rabinos, están localizados en el corazón (Gn. 6:5); está esculpido con el pecado; es engañoso y desesperadamente malo (Jer. 17:1–10); pero puede ser limpiado (Sal. 51:10) y renovado (Ez. 36:26), y puede escribirse en él la ley divina (Jer. 31:33). Dios escudriña el corazón (Ro. 8:27); ilumina nuestros corazones con la luz del conocimiento de su gloria en la faz de Jesucristo (2 Co. 4:6); es el de limpio corazón el que tendrá acceso a la beatífica visión (Mt. 5:8). El punto importante es que, sea en el AT o en el NT, o en la enseñanza rabínica, es en el corazón, en los lugares más recónditos de su ser, donde el hombre es iluminado, limpiado, renovado, por la atención a la palabra de Dios. Es una renovación interior, un nuevo nacimiento, una regeneración.

  1. Conclusión. En vista de las tendencias modernas de la psicología, es instructivo notar este énfasis en el corazón en la literatura primera de hebreos y cristianos. Es verdad que estos escritores del primer tiempo tenían la tendencia a pensar en el hombre como influenciado desde afuera; pero ellos veían claramente que es en el corazón del hombre donde se deben librar las batallas morales y espirituales, y allí es donde deben ganarse. Por eso la oración del salmista: «¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos … Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía y redentor mío» (Sal. 19:12–14).

BIBLIOGRAFÍA

Arndt; AS; Rudolph Bultmann, Theology of the New Testament, Vol. I, pp. 220–227; HDB; JewEnc; Aubrey R. Johnson, The Vitality of the Individual in the Thought of Ancient Israel; MM; RTWB; H. Wheeler Robinson, The Christian Doctrine of Man; Thayer-Grimm, Greek-English Lexicon; L.S. Thornton, The Common Life in the Body of Christ, pp. 103ss.

Owen R. Brandon

HDB Hastings’ Dictionary of the Bible

JewEnc Jewish Encyclopaedia

RTWB Richardson’s Theological Word Book

Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (127). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Fuente: Diccionario de Teología

(heb. lēḇ o lēḇāḇ; gr. kardia). Este término se emplea con referencia a la parte central de las cosas (Dt. 4.11, °vm mg; Jon. 2.3; Mt. 12.40); la raíz de la palabra heb., que es oscura, quizá signifique centro.

Las referencias al órgano físico como tal son pocas y nada específicas. La más clara es 1 S. 25.37. En 2 S. 18.14 y 2 R. 9.24 el significado parece ser más amplio, indicando los órganos internos en general, especialmente dado que, en el pasaje anterior, Absalón permaneció vivo después de que tres dardos le atraversaran el “corazón”. Pero esta falta de definición fisiológica precisa es típica del pensamiento hebreo, particularmente con respecto a los órganos internos. En Sal. 104.15, por ejemplo, lo que se come y bebe afecta el “corazón”, y aun cuando esto puede no ser cierto en sentido fisiológico preciso, por cierto que lo es en la experiencia, si se considera que la palabra “corazón” significa, como se sugiere abajo, el hombre interior, en sentido amplio.

Los hebreos consideraban la experiencia subjetiva más bien que la observación objetiva y científica, y de este modo evitaban el error moderno de la hiperdepartamentalización. Se trataba esencialmente del hombre completo, con todos sus atributos, físicos, intelectuales, y psicológicos, en el cual pensaba y del cual hablaba el hebreo, y el corazón se concebía como el centro que lo gobernaba todo. Es el corazón el que hace que el hombre, o la bestia, sea lo que es, y el que gobierna todas sus acciones (Pr. 4.23). El carácter, la personalidad, la voluntad, la mente, son términos modernos que reflejan todos algo del significado del término “corazón” en su uso bíblico. (Pero cf. * Cuerpo, donde se hace mención de la sinécdoque.)

H. Wheeler Robinson ofrece la siguiente clasificación de los diversos sentidos en que se usan las palabras lēḇ y lēḇāb.

a. Físico o figurado (“medio”; 29 veces).

b. Personalidad, vida interior, o carácter en general (257 veces, p. ej. Ex. 9.14; 1 S. 16.7; Gn. 20.5).

c. Estados emocionales conscientes, que se encuentran en un amplísimo espectro (166 veces); embriaguez (1 S. 25.36); gozo o tristeza (Jue. 18.20; 1 S. 1.8); ansiedad (1 S. 4.13); valentía y temor (Gn. 42.28); amor (2 S. 14.1).

d. Actividades intelectuales (204 veces); atención (Ex. 7.23); reflexión (Dt. 7.17); memoria (Dt. 4.9); entendimiento (1 R. 3.9; °vm inteligencia); habilidad técnica (Ex. 28.3; cf. °vp, °nbe).

e. Volición o propósito (195 veces; 1 S. 2.35); se trata de uno de los usos más característicos del término en el AT.

El uso en el NT es muy semejante, y C. Ryder Smith escribe acerca del mismo en los siguientes términos: “(El corazón) no pierde enteramente su referencia física, porque es de ‘carne’ (2 Co. 3.3), pero es el asiento de la voluntad (p. ej. Mr. 3.5), del intelecto (p. ej. Mr. 2.6, 8), y del sentimiento (p. ej. Lc. 24.32). Esto significa que ‘corazón’ se acerca más que otros, entre los términos del NT, al significado de ‘persona’.”

No hay indicios en la Biblia de que el cerebro sea el centro del estado consciente, del pensamiento, o de la voluntad. Es el corazón el que ocupa este lugar, y si bien también se usa en relación con las emociones, más frecuentemente son los órganos inferiores (* Entrañas, etc.), en la medida en que se los distingue, los que se relacionan con las emociones. Como afirmación amplia y general, es cierto que la Biblia coloca el asiento de lo psicológico en un nivel anatómico inferior en comparación con la mayor parte del lenguaje popular moderno, que usa la palabra “mente” para el estado consciente, el pensamiento, y la voluntad, y “corazón” para las emociones.

La palabra “mente” posiblemente sea el término moderno que más se acerca al uso bíblico de la palabra “corazón”, y muchos pasajes en la °nbe, por ejemplo, se traducen así (p. ej. Ec. 1.17; Pr. 16.23). “Corazón” es, empero, un término más amplio, y la Biblia no distingue los procesos racionales o mentales en la forma en que lo hace la filosofía griega.

C. Ryder Smith sugiere que “el principal mandamiento probablemente significa ‘Amarás (agapān) al Señor tu Dios con todo tu corazón, e. d. con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas’ (p. ej. Mr. 12.30, 33).”

El corazón del hombre no siempre obra así, sin embargo. No es lo que debiera ser (Gn. 6.5; Jer. 17.9), y el AT llega a su punto culminante cuando entiende que hace falta un cambio de corazón (Jer. 24.7; Ez. 11.19), y esto, naturalmente, se cumple en el NT (Ef. 3.17).

Están las personas excepcionales cuyo corazón está bien con Dios (1 R. 15.14; Sal. 37.31; Hch. 13.22), si bien resulta obvio por lo que sabemos acerca de David, el ejemplo al que se hace referencia en el último pasaje, que esto no es verdad en sentido absoluto, sino que todavía hacen falta el arrepentimiento y la conversión (2 R. 23.25, de Josías).

La actitud adecuada del corazón comienza cuando se quebranta (Sal. 51.17), lo cual es simbólico de humildad y penitencia, y sinónimo de “espíritu quebrantado” (rûaḥ). Este quebrantamiento es necesario porque se trata de un corazón duro o de piedra, que no se somete a la voluntad de Dios (Ez. 11.19). Alternativamente, es el corazón “engrosado” o “incircunciso” el que no responde a la voluntad de Yahvéh (Is. 6.10; Ez. 44.7)

Yahvéh conoce el corazón de cada cual, y no se deja engañar por las apariencias externas (1 S. 16.7), pero una oración digna es, no obstante, la que pide que él examine y conozca el corazón (Sal. 139.23), y lo limpie (Sal. 51.10). Un “corazón nuevo” ha de ser el anhelo del malo (Ez. 18.31), y eso significará que la ley de Dios ya no será simplemente algo externo sino algo “escrito en el corazón” (Jer. 31.33), y algo que lo purifica.

Así es como el corazón, fuente de todos los deseos, tiene que ser guardado (Pr. 4.23), y el maestro procura encaminar el corazón del alumno hacia el buen camino (Pr. 23.26).

Son los puros de corazón los que verán a Dios (Mt. 5.8), y cuando Cristo mora en el corazón por la fe es cuando los santos pueden comprender el amor de Dios (Ef. 3.17).

Bibliografía. T. Sorg, “Corazón”, °DTNT, t(t). I, pp. 339–341; F. Stolz, “Corazón”, °DTMAT, t(t). I, cols. 1176–1185; C. Spicgi, Dios y el hombre en el Nuevo Testamento, 1979; F. Lacueva, El hombre, su grandeza y su miseria, 1976; H. W. Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, 1975, pp. 63–86; M. Flick, Z. Alszeghy, Antropología teológica, 1971.

A. R. Johnson, The vitality of the Individual in the Thought of Ancient Israel, 1949, pp. 77ss; C. Ryder Smith, The Bible Doctrine of Man, 1951; H. Wheeler Robinson, The Christian Doctrine of Man, 1911; F. Baumgärtel, J. Behm, TDNT 3, pp. 605–613; H. Köster, TDNT 7, pp. 548–559; T. Sorg, NIDNTT 2, pp. 180–184; H.-H. Esser, NIDNTT 2, pp. 599s.

B.O.B.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

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