PAPIROS Y OSTRACA

I. Egipcios

a. Papiro

(i)     Nombre. El término papiro se aplica a una planta acuática grande de la familia de las juncáceas, al material de escritura que se prepara de su médula, y a los manuscritos individuales hechos con dicho material. El origen del término gr. papyros (del que provienen “papiro”, “papel”) todavía es incierto. Algunos piensan que deriva de un supuesto papūro en copto (última etapa del antiguo idioma egipcio), cuyo significado sería “perteneciente al rey”, reflejo del hecho de que la producción de papiro era monopolio real en la época grecorromana.

(ii)     La planta y sus usos. En la antigüedad la *planta Cyperus papyrus L. crecía en todo Egipto, especialmente en el delta, en pantanos y lagos, pero actualmente no se la encuentra en estado silvestre al N del Sudán, aunque todavía crece en los pantanos del lago Hulé en Palestina, y también en Sicilia. Sus raíces se encuentran en el barro, y sus largos tallos de sección triangular alcanzan una altura de 3 a 6 m, y terminan en grandes flores abiertas en forma de campana (véase H. Frankfort, Birth of Civilization in the Near East, 1951, lám. 2, y para una representación en la antigüedad, W. Stevenson Smith, Art and Architecture of Ancient Egypt, 1958, lám. 129A). La forma elegante del papiro se usó como motivo favorito en el arte y la arquitectura egipcios. Aparentemente el heb. gōme˒ (°vrv2 “junco”) se refiere a la planta de papiro. Las referencias bíblicas concuerdan con la naturaleza y los usos conocidos del papiro. No cabe duda de que crecía en el lodo (Job 8.11), y consecuentemente simbolizaba un crecimiento cenagoso y frondoso, en contraste con las arenas del desierto (Is. 35.7). La pequeña cesta o “arquilla” en que fue colocado el niño Moisés era de papiro (Ex. 2.3); y en Epipto y Etiopía podían verse en el Nilo y sus regiones pantanosas embarcaciones de papiro (Is. 18.2), como lo muestran las ilustraciones antiguas (véase, p. ej., M. Murray, The Splendour that was Egypt, 1949, pp. 83, lám. 19). Además de la manufactura de barcas y canastos de juncos, también se utilizaba para fabricar sandalias, sogas, y algunos tipos de ropas; además, sus raíces se empleaban como alimento de los pobres.

(iii)     “Papel” de papiro. Para fabricarlo se quitaban las cortezas exteriores de los tallos de las plantas, se cortaban en trozos de alrededor de 40–45 cm., y luego se cortaba la parte interior fresca y medulosa en delgadas tiras que se ponían a la par, superponiéndose parcialmente, sobre una superficie dura de madera; se colocaban nuevas tiras en la misma forma en sentido transversal; y luego se unían ambas capas para formar una sola mediante el simple expediente de golpearlas vigorosamente, p. ej. con mazos. Una vez recortadas y alisadas se obtenía una hoja de papel blanquecino durable, pero que con el tiempo se ponía amarillento. Usualmente se escribía primero sobre el lado en el que se veían fibras horizontales (excepto en las cartas), lado al que se le llamaba “recto” (anverso) ; el “verso” (reverso) era el lado “posterior”, con fibras verticales. Estas hojas se pegaban entre sí por los extremos con pequeñas superposiciones para formar un rollo de papiro. La longitud habitual era de veinte hojas, pero podía acortarse, o alargarse pegando más hojas, según la necesidad. El papiro de mayor longitud que se conoce es el gran Papyrus Harris I, ca. 1160 a.C., que se encuentra en el Museo Británico; tiene alrededor de 40 m de longitud. La altura de un papiro variaba de acuerdo con el uso a que se lo destinaba: los más largos (máximo, 47 cm.; generalmente de 35, 5 cm. y 42 cm. en la 18ª y la 19ª/20ª dinastías) para documentos y cuentas comerciales y oficiales (con largas columnas de cifras); y los más pequeños (alrededor de 18 cm. y 21 cm., pero a menudo menos todavía) para composiciones literarias.

(iv)     El uso del papiro. Estaba regido por convenciones definidas. Como generalmente la escritura egipcia va de derecha a izquierda, los escribas siempre empezaban en el extremo derecho del papiro y escribían hacia la izquierda, al principio en líneas verticales (uso que persistió hasta ca. 1800 a.C.), y posteriormente en líneas horizontales de una longitud moderada, agrupadas en “columnas” o “páginas” sucesivas. Para los tipos de escritura que se empleaban, la puntuación, elementos de escritura, manuscritos, etc., véase * Escritura; * Textos y versiones.

Se usó el papiro desde el comienzo de la historia egp. (ca. 3000 a.C.) hasta el período islámico primitivo (s. VII d.C. y post.). Los rollos (en blanco) más antiguos son de la 1ª dinastía, y los primeros rollos escritos de la dinastía 5ª, ca. 2500 a.C. En Egipto se fabricó y usó una gran cantidad en el 1º y el 2º milenios a.C. para toda clase de escritos; no era barato, y a menudo se utilizaba la parte posterior y los espacios en blanco de rollos antiguos, o se lavaba un texto antiguo para poder utilizarlo nuevamente.

Antes de fines del 2º milenio a.C. se exportaba papiro en grandes cantidades a Siria y Palestina, e indudablemente a otros países también. Alrededor de 1075 a.C. Zakarbaal, príncipe de la Biblos fenicia, cotizaba precios de madera al enviado egp. Wenamún tomando como base los rollos de cuentas que guardaron sus predecesores, y en el pago parcial de Wenamún por la madera se incluían 500 (rollos de) papiro terminado” (ANET, pp. 27a, 28a). Para el uso de papiro para el heb. y el arm., y en la época neotestamentaria, véanse las secciones correspondientes más abajo. Para todos los aspectos del papiro como medio de escritura en Egipto, véase J. erný, Paper and Books in Ancient Egypt, 1952. Para ilustraciones de papiros funerarios y administrativos, respectivamente, véase IBA, pp. 36–37, fig(s). 30–31.

b. Óstraca

El plural de ostrakon, palabra gr. que originalmente significaba “valva de ostra”, pero que los griegos aplicaron a los trozos de cerámica sobre los que registraban sus votos (de donde proviene el término cast. “ostracismo”). En Egipto se aplica este término a trozos de piedra caliza o trozos de alfarería que llevaban inscripciones y dibujos en tinta. Aunque se conocen estos óstraca en la mayor parte de los períodos de la historia egipcia, y procedentes de diferentes lugares, la gran mayoría proviene del reino nuevo (ca. 1550–1070 a.C.) y se originaron en Tebas en el Egipto superior, específicamente en los valles de las tumbas de los reyes y las reinas, y en la aldea para los obreros de dichas tumbas (la actual Deir el-Medineh). La mayor parte de los óstraca egipcios están escritos en el alfabeto hierático cursivo; mucho más raros son los que están en escritura jeroglífica pictórica más formal. A menudo resultan hermosos los óstraca con dibujos que hacían los artistas en sus momentos libres. Los óstraca con inscripciones pertenecen a dos clases: literarios y no literarios. Los primeros contienen porciones de obras literarias egp. (relatos, poemas, sabiduría, himnos, etc.), escritas como ejercicios escolares, pruebas de memoria o por placer; a menudo estos óstraca preservan obras literarias (o partes de las mismas) que todavía no se conocen por otras fuentes. Mucho más variados son los óstraca no literarios. Eran el equivalente egp. de los anotadores de diversos tipos, y reflejan todos los aspectos concebibles de la vida diaria: listas de obreros con notas sobre los ausentes e informes del trabajo realizado (cf. Ex. 5.18–19), distribución de raciones alimentarias y aceite, innumerables cuentas de ladrillos, paja, legumbres, recipientes, etc., pleitos judiciales, contratos matrimoniales, registros de ventas y demandas de pago por deudas, muchas cartas y memorandos, y muchas otras cosas. El total de este material ofrece un cuadro muy gráfico de la vida diaria de los egipcios durante y después de la residencia de los israelitas, y constituyen un útil marco de referencia para los relatos de Éxodo. (* Laquis; * Samaria )

Bibliografía. Sobre la variedad y la importancia de los óstraca, véase J. erný, Chronique d’Egypte, 6/Nº 12, 1931, pp. 212–224, y S. Sauneron, Catalogue des Ostraca Hiératiques Non Littéraires de Deir el Medineh, 1959, introducción, pp. vi-xviii, quien ofrece amplias referencias sobre otras publicaciones. En inglés, véase W. C. Hayes, The Scepter of Egypt, 2, 1959, pp. 176–178, 390–394, 432. Para ilustraciones de óstraca, véase Hayes, op. cit., pp. 177, fig(s). 98.

K.A.K.

II. Hebreos, arameos, y griegos

a. Papiros hebreos

El papiro heb. más antiguo que se conoce (Mur 17) fue descubierto en Wadi Murabbaat a orillas del mar Muerto en 1952. El Mur 17 es un palimpsesto escrito en el alfabeto paleohebreo y data de fines del ss. VIII o principios del VII a.C. La carta original, de la que todavía se pueden leer algunas palabras, fue borrada y se le escribió encima una lista de nombres personales. La mayor parte de los rollos encontrados en Qumrán son de pergamino, pero hay unos cuantos papiros dignos de mención. La cueva 4 proporcionó fragmentos de papiro con El gobierno de la comunidad y Los himnos de acción de gracias. La cueva 6 contenía cientos de trozos de papiro, entre ellos fragmentos de los libros bíblicos de Reyes y Daniel escritos con caracteres semicursivos. Antes de los grandes descubrimientos en Qumrán, el papiro Nash, que contiene partes de Dt. 5 y 6, ocupaba una posición única como el más antiguo ms(s). bíblico heb. que existe; posiblemente corresponda fecharlo en el ss. II a.C. Wadi Murabbaat también produjo papiros heb. diversos de la época de la rebelión de Barcoquebá (132–135 d.C.). Los hallazgos más dignos de mención son un par de cartas escritas por el mismo Barcoquebá en la que figura su nombre verdadero, Simeón Ben Kosebah.

b. Óstraca hebreos

Como los óstraca resultaban económicos y eran de uso limitado, generalmente tenían información de importancia secundaria. No obstante, algunos óstraca con inscripciones heb. han aportado valiosos datos sobre la lengua y la literatura del AT. Los óstraca de Samaria, descubiertos principalmente durante las excavaciones de Harvard de 1908–10, se encuentran entre los más importantes. Datan de la época de la dinastía de Jehú, posiblemente del reino de Joacaz a fines del ss. IX. Fueron descubiertos en un depósito real, y registran información relativa al pago de aceite y vino; posiblemente se refieran a la producción de la propiedad de la corona en las vecindades de Samaria. En cada caso aparece el año del reinado, y aunque no uniformemente, contiene muchos nombres personales y de lugares; entre los primeros hay compuestos de Yahvéh, Él, y Baal. Véase LOB, pp. 315–327. En Arad se descubrió un buen número de óstraca escritos en arm., y algunos en heb. Los escritos en heb. datan de fines del ss. VII a.C., y se refieren a la provisión de vino, harina y pan que un funcionario tenía que proveer a los viajeros (tropas [?]). Algunos óstraca más pequeños encontrados en las ruinas del templo registran nombres de familias sacerdotales, entre ellas la de los coreítas (bny qrh). Los óstraca de Yavneh-Yam datan de la misma época. Uno de los de esta colección reviste especial importancia porque registra el pedido de un obrero agrícola para que se le devuelva la capa que le había quitado un capataz tras acusarlo falsamente de ser perezoso (cf. Ex. 22.26–27). De fecha aproximadamente similar es el óstraca de Ofel encontrado en Jerusalén durante las excavaciones de 1923–25. Contiene una lista de nombres y procedencias en escritura paleohebrea. Probablemente los más conocidos de todos sean los óstraca de Laquis, veintiuno de los cuales fueron descubiertos en el lugar donde estaba la antigua ciudad (la actual Tell ed-Duweir) en 1935 y 1938. Tienen el mérito particular de que muchos de ellos pueden ser fechados con certeza en el año 587 a.C. En su mayor parte son cartas, y en algunas aparece el nombre de Yaos, el gobernador militar de Laquis, como destinatario. Las cartas reflejan la desesperada situación que se estaba viviendo en Judá ante el avance de los babilonios, que tomaban ciudad tras ciudad; hay algunos puntos de contacto con el libro de Jeremías. Las características de interés incluyen el libre uso del tetragrámaton, y una referencia a que un profeta hacía las veces de correo. También se descubrieron algunos trozos de cacharros inscritos en heb. en Qumrán, Wadi Murabbaat y Masada (donde uno de ellos, inscrito con el nombre de Ben Yair, ha despertado un interés particular debido a su probable relación con el líder zelote Eleazar Ben Yair).

c. Papiros arameos

Probablemente el papiro más antiguo que existe en arm. sea el que se encontró en 1942 en Saqqarah, Egipto. Representa parte de una carta que envió un rey Adón al faraón, y aparentemente fue escrita en algún lugar de la costa filistea o fenicia. De este modo queda ilustrado el uso del arm. en la diplomacia internacional antes de la época persa, porque no puede haber sido escrita después de la época de Nabucodonosor (m. en el 562 a.C.). Pero sin duda alguna el cuerpo más significativo de papiros arm. es el que proviene de la isla de Elefantina en Egipto. Allí, como en Menfis y Hermópolis, se preservó un gran número de papiros escritos por judíos a fines del ss. VI a.C., y en el ss. V a.C. Los documentos legales y las cartas personales están bien representados, y hay también un fragmento de la versión más antigua que se conoce de los Dichos de Ahikar. El tipo de arm. es, como podríamos suponer, bastante parecido al del Esdras bíblico. Estos colonos judíos tenían su propio templo (a pesar de Dt. 12.5–7), y llegaron hasta el punto de unir el nombre del Dios de Israel con nombres de divinidades cananeas (p. ej. Anat-Yahu, Anat-Bet-el). En representación del ss. IV están los papiros de Wadi Daliyeh, 19 km al NO de Jericó. Fueron descubiertos en una cueva, y se supone que los escondieron allí refugiados de Samaria, donde habrían sido escritos. Son documentos legales y administrativos elaborados ca. 375–365 a.C.; pueden haber sido abandonados por personas que huían ante el avance de Alejandro Magno. Entre los documentos encontrados en Qumrán se incluyen algunos papiros arm. (p. ej. uno que contiene genealogías del AT, en la cueva 4), lo que también ocurrió en Wadi Murabbaat (p. ej. contratos de venta). Algunos fragmentos nabateos también han sido recuperados en la vecindad de Wadi Murabbaat.

d. Óstraca arameos

Un ejemplo primitivo es la carta en un trozo de cacharro encontrado en Asur, probablemente escrita en el ss. VII a.C. Los óstraca en arm. que se hallaron en Elefantina (véase sup.) son principalmente recibos de impuestos. Algunos fragmentos del período persa encontrados en Tell al-Khalayfa evidentemente hacían las veces de recibos por entregas de vino. En Arad se encontró una buena cantidad de trozos en arameo. Unos cuantos aparecieron en Qumrán y Wadi Murabbaat, pero tienen poca significación. Un fragmento de una carta (?) en Wadi Murabbaat está fechado a principios del ss. I a.C.

e. Papiros del Antiguo Testamento en griego

Existe un número considerable, aunque invariablemente se hallan en estado fragmentario. Quizás el más antiguo sea el Pap. gr. 458 de John Rylands, que contiene partes de Dt. 23–28 y data del ss. II a.C. El papiro Fouad 266 es casi tan antiguo como el anterior, y conserva fragmentos de Gn. 7 y 38, y Dt. 17–33. El papiro veterotestamentario gr. de Chester Beatty incluye partes de diferentes libros del AT, y su fecha va desde el ss. II hasta el IV d.C. Del ss. III d.C. es el ms(s). gr. V de Freer, códice en papiro con los profetas menores. La cueva 4 de Qumrán ha aportado fragmentos de Lv. 2–5, mientras que en la cueva 7 había fragmentos que contienen Ex. 28.4–7 y la Epístola de Jeremías 43–44. Podemos fechar los fragmentos encontrados en Qumrán aproximadamente en el ss. I a.C.

Bibliografía. (para material veterotestamentario heb., arm., y gr.): A. Cowley, Aramaic Papyri of the Fifth Century BC, 1923; E. G. Kraefing, The Brooklyn Museum Aramaic Papyri, 1953; DOTT, pp. 204–208, 212–217, 251–269; P. E. Kahle, The Cairo Geniza², 1959; P. Benoit et al., Discoveries in the Judaean Desert, 2, 1961; F. F. Bruce, The Books and the Parchments³, 1963; S. Jellicoe, The Septuagint and Modern Study, 1968; B. Porten, Archives from Elephantine, 1968; K. Aland, Repertorium der Griechischen Christlichen Papyri: I. Biblische Papyri, 1976.

R.P.G.

III. Nuevo Testamento

a. Introducción

El descubrimiento de los papiros gr. en Egipto durante el último siglo ha sido significativo para los estudios neotestamentarios. En los descubrimientos iniciales los papiros bíblicos resultaron escasos, pero con la inciación de las excavaciones sistemáticas llevadas a cabo por Grenfell y Hunt en 1896 aparecieron grandes cantidades de papiros, que incluían porciones de los libros de NT en sí, o documentos de los primeros siglos que nos han ayudado a comprenderlos. Los lugares de mayor provecho se encuentran en el Fayyun y hacia el S, particularmente en Oxirrinco, Hermópolis, Tebtinis, Afroditópolis, y Panópolis.

Durante mucho tiempo numerosos eruditos supusieron que el gr. neotestamentario era sui generis, “la lengua del Espíritu Santo”, pero algunos, como Masson, Lightfoot, y Farrar, se anticiparon a algo que pronto iba a ser verificado, el hecho de que los autores de los libros del NT habían empleado la lengua común del mundo gr. del ss. I d.C., que se aproximaba más a la forma hablada que a la literaria del gr. koinē. Gracias a los papiros, contamos ahora con ilustraciones del uso “secular” contemporáneo de la gran mayoría de los términos empleados en el NT. Sigue síendo cierto, en sentido restringido, que esa lengua es sui generis, a causa del frecuente sustrato heb. y arameo. “La tensión entre la herencia judía y el mundo griego afecta vitalmente el lenguaje del Nuevo Testamento” (Hoskyns y Davey, The Riddle of the New Testament, 1931, pp. 20). Otra tendencia que corrigió el estudio de los papiros fue la inclinación de los eruditos a juzgar al NT con normas áticas de gramática y sintaxis, y lo mismo en cuanto al gusto literario. Se hizo doblemente claro que la koinē de los primeros siglos cristianos se encontraba, comparativamente hablando, en un rápido estado de evolución, que culminó en el griego bizantino, y finalmente en el griego moderno, y que por lo tanto se debe evaluar a la luz de este hecho. Sería erróneo adjudicar demasiado a estos adelantos, pero han proporcionado un auxiliar indispensable para el estudio del texto del NT, su lenguaje y su literatura, y, como consecuencia, su interpretación teológica. En su conferencia Schweich de 1946 (publicada en 1953 con el título de The text of the Epistles) G. Zuntz aboga activamente por la conjunción de estos dos campos de estudio. “El teólogo que estudia el NT debe asumir también la calidad de filólogo” (p. 3). Quizás la obra que mejor ejemplifica esto es el TDNT.

Todos los documentos originales del NT fueron escritos en rollos de papiro (aparte de una o dos de las epístolas más breves, que pueden haber sido escritas en hojas sueltas de papiro), y podemos mencionar aquí que la transmisión del texto representó un papel importante en el perfeccionamiento de nuevas técnicas. En el resto del mundo romano los códices en papiro no empezaron a remplazar a los rollos hasta el ss. III d.C., pero por Egipto tenemos pruebas de que las comunidades cristianas adoptaron la forma del códice en época considerablemente anterior. Se han encontrado diez fragmentos bíblicos del ss. II y principios del III, y de 111 fragmentos de los ss. III y IV solamente doce estaban en rollos de papiro. El texto de Romanos habría requerido un rollo de 4 m, Marcos uno de 6 m, Hechos alrededor de 10 m (cf. 2 Ti. 4.13, que se refiere a rollos y a las cubiertas de pergamino que los protegían). Pero a medida que surgió la necesidad de hacer copias de los evangelios y las epístolas en mayor cantidad, naturalmente se popularizó el uso de los códices, e. d. de hojas de papiro plegadas y dispuestas en cuadernillos, en forma bastante similar a los libros modernos. Un códice podía contener entonces los cuatro evangelios y Hechos, o todas las epístolas de Pablo.

b. Lista de los papiros más notables

La lista más reciente, preparada por K. Aland (1976), contiene más de 241 entradas, de las cuales 68 figuran en las ediciones críticas del texto del NT. Muchas son relativamente pequeñas, pero la importancia de las más voluminosas es considerable.

P1 (s. III ó IV) contiene Mt. 1.1–9, 12–20; P4 (s. IV) Lc. 1.74–80; 6.1–4; P5 (s. III) Jn. 1.23–31, 33–41 y 20.11–17, 19–25; comprende las dos hojas de un mismo cuadernillo, e ilustra la familia de la que posteriormente derivararon los códices sinaítico y vaticano). P8 (s. IV) contiene Hch. 4.31–37; 5.2–9; 6.1–6, 8–15; P13 (s. III, escrito en la parte posterior de un Epítome de Livio) He. 2.14–5.5; 10.8–22; 10.29–11.13; 11.28–12.17; P20 (s. III) Stg. 2.19–3.9; P22 (s. III) Jn. 15.25–16.2, 21–32; P27 (s. III) Ro. 8.12–22, 24–27, 3.3–9.3; 9.5–9; P37 (s. III) contiene Mt. 26.19–52; P38 (s. IV) Hch. 18.27–19.6; 19.12–16.

De los papiros de Chester Beatty (P45, 46. 47) los Nº 1 y 2 son de particular interés. P45 (principios del ss. III) contiene porciones de treinta hojas de un códice de 220 que íncluye los evangelios y Hechos; tiene partes de Mateo, Marcos, Lucas, Juan (17 hojas), y Hechos (trece hojas), P46 (tamb. principios del ss. III) contiene 86 hojas, que fue encontrado durante un período de tiempo en tres grupos, y tiene Romanos, Hebreos, 1 y 2 Corintios., Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, excepto pequeñas partes faltantes. Resulta notable que la doxología final de Romanos aquí aparece al final del cap(s). 15. P47 (s. III, diez hojas) tiene Ap. 9.10–17.2; P48 (s. III, simílar a P38) tiene Hch. 23.11–16, 24–29. P52 (el famoso fragmento “John Rylands” de 9 x 6 cm.) fue identificado por C. H. Roberts en 1935 como Jn. 18.31–33, 37–38, y pertenece a principios del ss. II. P64 (s. II) contiene porciones de Mt. 26; P66 (ca. 200 d.C.), el “papiro Bodmer II”, tiene 108 hojas en cinco cuadernillos, cada uno de 16 x 14 cm., y contiene Jn. 1.1–14.26.

La relación textual entre estos papiros y otros de menos envergadura con los más importantes códices de vitela y las versiones primitivas del NT ha sido objeto de minuciosos estudios.

c. Efecto sobre el estudio textual del Nuevo Testamento

Para describir esto es necesario hacer un breve bosquejo de la historia del texto gr. hasta el descubrimiento de los papiros. Stephanus (Robert Etienne) preparó una edición gr. del NT en 1550, el “Textus Receptus”, que a su vez se basó principalmente en la edición de Erasmo publicada en 1516. Stephanus utilizó solamente quince ms(s)., todos de fecha tardía, que representaban la tradición bizantina u oriental del texto. El acontecimiento que estimuló una seria búsqueda de todos los ms(s). disponibles fue la aparición en Inglaterra, en 1627, del códice alejandrino, un códice en vitela del ss. V d.C. Pero fue sólo con el descubrimiento del códice sinaítico y la aparición de la edición de Tischendorf del códice vaticano, en 1859 y 1867 respectivamente, que pudo realizarse un avance en el estudio de los textos. Esto se produjo en el momento en que los eruditos comenzaban a darse cuenta de la riqueza potencial de Egipto en papiros. Westcott y Hort publicaron un texto gr. revisado en 1881. Estos especialistas postularon cuatro familias principales de textos, siria, neutra, alejandrina, y occidental, y apoyaron principalmente a la familia neutra, que se componía de los códices vaticano y sinaítico, las versiones coptas y ms(s). afines.

Los papiros del NT han desempeñado un papel prominente en la ampliación y modificación de los resultados. Estudios posteriores convencieron a los eruditos que los grupos de Westcott y Hort habían sido distinguidos demasiado nítidamente entre sí, y B. H. Streeter, que utilizó los grupos de ms(s). minúsculos que aislaron Ferrar y Abbott, y K. Lake, junto con el ms(s). de Koridethi (s. IX), demostró la estrecha relación que todos ellos tenían con el texto neotestamentario de Orígenes, y postuló, por lo menos para el Evangelio de Marcos, la familia “cesárea” (Orígenes había pasado sus últimos años en Cesarea). El texto de los evangelios en los ms(s). de Freer (los “Evangelios de Washington”) y los papiros de Chester Beatty mostraron, además, que la familia “cesárea” de textos se había originado probablemente en Egipto, y había pasado de Alejandría a Cesarea con Orígenes. El grupo de Chester Beatty, especialmente el P46, ha resultado de inmenso valor. Este grupo demuestra que el códice fue utilizado en épocas tempranas para colecciones de los evangelios y las epístolas paulinas, y su circulación ayudó mucho a la Formación del canon del NT. El haber sido fechados sin vacilaciones en el ss. III d.C. significa que ahora contamos con una línea de pruebas textuales que va más allá de los grandes códices de vitela de los ss. IV y V, de los que los eruditos dependieron tanto, y que son anteriores a las colecciones del NT que Eusebio recibió orden de proporcionar para uso en las iglesias, según el edicto de Milán del año 313 d.C. Ayuda valiosa adicional han prestado los papiros de Bodmer, especialmente el P66, un códice de Jn. de fines del ss. II. Otros fragmentos más antiguos aun, en particular el fragmento “John Rylands” del Evangelio de Juan, nos llevan a la primera mitad del ss. II, e. d. a sólo una generación de los últimos escritos del NT, el corpus joanino.

El cuadro general que surge, en lo que hace a la transmisión del texto, es el de la aparición de muchos grupos o familias, a medida que se fueron haciendo copias para uso público y privado, a veces por parte de escribas preparados, pero más a menudo por parte de creyentes no preparados, para dicho trabajo. Todavía no se había presentado la necesidad de contar con un texto estándar, y nunca se difundió mucho la práctica de intentar localmente la comparación de diferentes textos. También debemos suponer que durante las persecuciones, p. ej. la de Decio en 250 d.C., muchas copias del NT desaparecieron. Los papiros han ayudado a revelar la complejidad de esta etapa primitiva de la transmisión; si bien todavía estamos lejos de satisfacer el anhelo de Bentley de hacer el texto tan indudablemente verdadero “ut e manibus apostolorum vix purior et sincerior evaserit” (“que difícilmente podría haber venido de las manos de los mismos apóstoles en forma más pura o más libre de alteración”), por lo menos podemos decir que se avanza constantemente. (* Textos y versiones (NT)

d. Efecto sobre el estudio del lenguaje y la literatura neotestamentarios

Como se ha hecho notar anteriormente, el gr. del NT tiene afinidades con las formas literaria y no literaria de la koinē, especialmente esta última, que ahora se conoce tan plenamente sobre la base de documentos de todo tipo en papiro procedentes del Egipto grecorromano: rescritos imperiales, procedimientos judiciales, papeles relativos a impuestos y censos, contratos matrimoniales, comunicaciones de nacimientos, defunciones y divorcios, cartas privadas, cuentas comerciales, y una cantidad de otros asuntos. Sin duda alguna hay muchos semitismos en el NT, ya que todos los escritores, con la excepción de uno, eran judíos; pero el descubrimiento de expresiones paralelas en los papiros ha reducido considerablemente su número. “Aun los semitismos de Marcos difícilmente corresponden a un griego bárbaro, aunque su lenguaje extremadamente vernacular nos hace pensar así, hasta que leemos los escritos en lenguaje menos culto” (Howard). Un ejemplo es la expresión blepein apo en Mr. 8.15. Muchos de los nuevos grupos de palabras del gr. neotestamentario tienen sus paralelos, p. ej. sustantivos terminados en -mos, -ma, -sis, -ia; adjetivos terminados en -ios, nuevos adjetivos y adverbios compuestos, nuevos términos con el prefijo privativo a-; voces extranjeras, y términos técnicos utilizados en el ejército y la administración romanos. Se han resuelto problemas ortográficos, p. ej. genēma (Mt. 26.29), tameion (Lc. 12.3), sfyris (Mt. 15.37); morfológicos, p. ej. gegonan (Ro. 16.7), elthatō (Mt. 10.13), ēlthan (Mr. 3.8); y sintácticos, p. ej. el uso consecutivo de cláusulas hina (como en Jn. 17.3), la intercambiabilidad de eis y en (como en Jn. 1.18; Mt. 18.19).

El vocabulario neotestamentario estaba abundantemente ilustrado. En lugar de las numerosas voces biblicae de los antiguos eruditos, fue posible demostrar, como lo hicieron Deissmann y Bauer, que solamente alrededor del 1 por ciento del vocabulario, unas cincuenta palabras, le era en realidad privativo. Podía darse un sentido mejor a términos como hēlikia (p. ej. Lc. 2.52 = “edad”, °vrv2 ‘estatura”), meris (Hch. 16.12 = “distrito”), anastatoý (lit. “echar del hogar y la casa”, empleado metafóricamente en Hch. 17.6 y Gá. 5.12), hypostasis (He. 11.1 = “títulos de propiedad”, °vrv2 “certeza”), parousia (pass.; = visita real o de otra persona notable), arrhabōn (p. ej. Ef. 1.14 = “depósito pagado”, °vrv2 “arras”, °vp “garantía”), leitourgia (2 Co. 9.12; tanto para el servicio público como para el privado). Los términos comunes adelfoi y presbyteroi frecuentemente estaban ilustrados sobre la base de fraternidades sociales y religiosas, y funcionarios del templo y de la aldea.

En la época en que fue escrito el NT se había popularizado un aticismo revisado, movimiento esencialmente artificial que pretendía reconocer como norma única el griego ático del ss. V. Pero había notables escritores seculares, como Plutarco, Estrabón, Diodoro Sículo y Epicteto, que descartaron el aticismo, y el NT mismo representa una reacción contra él por su uso de la lengua vernácula. “La koinē no es, como se pretende, oro puro contaminado accidentalmente, sino más bien una especie de aleación nueva y útil” (Moule). La LXX ya había sentado un precedente al usar el gr. popular, y los escritores, todos los cuales podrían haber escrito en arm., resolvieron deliberadamente escribir en griego. Por cierto que el nivel literario de sus obras varía notablemente. 2 P. es la obra que llega más cerca de un nivel plenamente literario, y Lucas y el autor de Hebreos son también estilistas conscientes. Pero Lucas y Pablo, aunque evidentemente podían hablar y escribir el gr. en su forma clásica (cf. los prefacios a Lucas y Hechos, y Hch. 17.22ss), no titubearon en emplear formas extremadamente populares. El caso extremo es Apocalipsis, escrito en griego pesado y a veces bárbaro, que claramente refleja la influencia de términos y formas de pensamiento semíticos. Pero todavía podemos afirmar que “el griego en que se expresa el autor era más parecido al gr. de los papiros egipcios” (A. Robinson). (* Lengua del Nuevo Testamento )

e. Óstraca

Ya hemos notado que los óstraca o fragmentos de alfarería se emplearon ampliamente en la antigüedad como el material de escritura más económico. Su aparente insignificancia (cf. Is. 45.9) hizo que se los considerara sin valor para el estudio del gr. koinē. Como podríamos esperar, entre los muchos que se encontraron en Egipto, y que cubren un período de cerca de míl años, a gran mayoría son documentos, o fragmentos de documentos, que pertenecían a la vida de las clases más bajas. Se han encontrado unos cuantos con breves trozos literarios, sin duda para uso escolar, y tenemos óstraca con cortos pasajes del NT (vv. de Mr. 9 y Lc. 22) y uno del ss. VI d.C. con un himno a María con influencia de Lc. 1. Pero el mayor número comprende cartas, contratos, y especialmente recibos de impuestos. Se emplearon muchos idiomas, entre ellos el griego, el latín, el arameo, el copto, y el antiguo egpcio.

Ocasionalmente se aclara alguna expresión del NT. Varios óstraca dan detalles de recibos fechados el día llamado Sebastē, que significa ‘día del emperador’, y quizás paralelo al uso de kyriakē, ‘el día del *Señor’, por los cristianos. El título Kyrios, ‘Señor’, aparece en óstraca con referencias a los emperadores Nerón y Vespasiano (cf. Jud. 4). Recibos de Tebas fechados en el ss. I han arrojado luz sobre el uso neotestamentario de logeia (p. ej. 1 Co. 16.1–2 = “ofrendas”), como así también sobre el verbo apejō, que significa recibo de un pago (cf. Mt. 6.2 = “han recibido su recompensa total”). La frase común eis to onoma (“en el nombre”), según se ve por los óstraca, era una fórmula legal regular que expresaba la autoridad bajo la cual se hacía algo. En consecuencia, los óstraca complementan en escala comparativamente menor, las pruebas que aportan los papiros con respecto a la lengua y las particularidades lingüísticas neotestamentarias.

f. Papiros apócrifos y no canónicos

Merecen mencionarse a causa de la utilidad que han prestado para la comprensión de la forma y el contenido de los escritos neotestamentarios. Los más notables son los Logia o dichos de Jesús. El primero de ellos (hallado en Oxirrinco en 1896 y 1897) es la hoja de un códice fechado en el ss. III que contenía dichos, algunos de los cuales eran familiares, otros de un tipo más místico; el segundo, de fines del ss. II, tenía los dichos escritos en el dorso de un rollo relativo a mensuras topográficas. Un tercero contenía fragmentos de un evangelio no canónico, y se descubrió otro de este tipo en 1934, que comprende fragmentos de tres hojas de un códice, cuya fecha se asignó al 150 d.C. aprox., y que narra cuatro incidentes de la vida de Cristo similares a los de los evangelios. Luego, entre trece rollos de papiros hallados cerca de Nag Hammadi en 1946, se encontraba el Evangelio de Tomás, importante colección de dichos en los que la influencia gnóstica se mezcla con las tradiciones de los sinópticos, de Juan, y otras tradiciones, evidentemente versión copta de la obra de la cual los Logia de Oxirrinco son fragmentos.

Se han recuperado, total o parcialmente, varias obras apócrifas. La colección de Chester Beatty incluye catorce hojas del Libro de Enoc, de un códice del ss. IV, y parte de una homilía de Melitón de Sardis sobre la pasión. Una hoja de papiro de origen gnóstico ha salido a la luz (de principios del ss. III), perteneciente al Evangelio de María. En Akhmim se encontraron fragmentos del Evangelio y el Apocalipsis de Pedro (probablemente escritos en el ss. II). El primero tiene tendencias docéticas, y el seguado es muy inferior al Apocalipsis de Juan. En la colección Amherst se encuentra la porción principal de la Ascensión de Isaías, y en la Biblioteca estatal de Hamburgo se hallan once hojas de los Hechos de Pablo, “romance religioso” de fines del ss. II. Finalmente, los papiros de Oxirrinco han proporcionado parte del texto gr. del conocido Pastor de Hermas. Posteriormente aparece esta obra en su forma completa en el códice sinaítico. (* Canon del Nuevo Testamento )

Bibliografía. °F. F. Bruce, ¿Son fidedignos los docomentos del Nuevo Testamento?; °J. Jeremias, Palabras desconocidas de Jesús, 1976; °A Wikenhauser, Introducción al Nuevo Testamento, 1978; A. Calderini, Tratado de papirología, 1963; J. O’Callaghan, Los papiros griegos de la cueva 7 de Qumrán, 1974; id., “Papiros bíblicos”, °EBDM, t(t). V, cols. 858–870; M. Noth, El mundo del Antiguo Testamento, 1476, pp. 307–363; M. de Tuya, J. Salguero, Introduccción a la Biblia, 1967, t(t). I, pp. 408–465.

(La bibliografía que sigue está enunciada de acuerdo a las secciones del artículo precedente),

a. F. G. Kenyon, Our Bible and the Ancient Manuscript5, 1958; E. G. Turner, Greek Papyri, 1968; C. H. Roberts, “The Codex”, Proceedings of the British Academy 40, 1954; A. Deissmann, LAE4, 1929; F. F. Bruce, The New Testament Documents: Are They Reliable?5, 1960.

b. K. Aland, Kurzgefasste Liste der griechischen Handschriften des Neuen Testaments, 1963, y ediciones subsiguientes; id., Repertorium der griechischen christlichen Papyri, 1, 1976; J. van Haelst, Catalogue des Papyros Littéraires Juifs et Chrétiens, 1976.

c. F. G. Kenyon, The Text of the Greek Bible3, 1975; B. M. Metzger, The Text of the New Testament2, 1968; id., A Textual Commentary on the Greek New Testament, 1971.

d. A Wikenhauser, New Testament Introduction2, 1972, parte 2; Blass-Debrunner-Funk”A Greek Grammar of the New Testament10, 1961; J. H. Moulton y G. Milligan, Vocabulary of the Greek New Testament, 1930; C. F. D. Moule, An Idiom Book of New Testament Greek2, 1959.

e. Porciones del NT encontrados en óstraca se incluyen en las listas de papiros de b. sup.

f. H. I. Bell y T. C. Skeat, Fragments of an Unknown Gospel, 1935; B. P. Grenfell, A. S. Hunt et al., The Oxyrhynchus Papyri I-XLV, 1898–1977; R. M. Grant y D. N. Freedman, The Secret Sayings of Jesus, 1960; R. McL. Wilson, Studies in the Gospel of Thomas, 1960; J. Jeremias, The Unknown Sayings of Jesus, 1964.

B.F.H.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

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