SEMBRAR – Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología

SEMBRAR

v. Plantar
Gen 26:12 sembró Isaac en aquella tierra, y
Job 4:8 que aran .. y siembran injuria, la siegan
Job 31:8 siembre yo, y otro coma .. mi siembra
Psa 107:37 siembran campos, y plantan viñas
Psa 126:5 los que sembraron con lágrimas, con
Pro 11:18 que siembra justicia tendrá galardón
Pro 22:8 el que sembrare iniquidad, iniquidad
Ecc 11:4 el que al viento observa, no sembrará
Ecc 11:6 por la mañana siembra tu semilla, y a la
Isa 32:20 dichosos .. los que sembráis junto a
Jer 4:3 arad campo .. no sembréis entre espinos
Jer 31:27 sembraré la casa de Israel y la casa de
Hos 8:7 sembraron viento, y torbellino segarán
Hos 10:12 sembrad .. vosotros en justicia, segad
Mic 6:15 sembrarás, mas no segarás; pisarás
Hag 1:6 sembráis mucho, y recogéis poco
Mat 6:26; Luk 12:24 las aves .. que no siembran
Mat 13:3; Luk 8:5 el sembrador salió a sembrar
Mat 13:27 señor, ¿no sembraste buena semilla en tu
Mat 25:26 sabías que siego donde no sembré, y
Luk 19:21 pusiste, y siegas lo que no sembraste
Joh 4:36 que siembra goce juntamente con el que
Joh 4:37 uno es el que siembra, y otro es el que
1Co 9:11 si .. sembramos entre vosotros lo
1Co 15:36 lo que tú siembras no se vivifica, si no
1Co 15:42 se siembra en corrupción, resucitará en
2Co 9:6 el que siembra escasamente .. segará
2Co 9:10 el que da semilla al que siembra, y pan
Gal 6:7 lo que el hombre sembrare, eso .. segará
Jam 3:18 el fruto de justicia se siembra en paz


A. Verbo zara> ([r’zE , 2232), “sembrar, esparcir semilla, embarazar”. Esta raí­z fue de uso popular a través de la historia de la lengua hebrea y se aparece en varios idiomas semí­ticos, incluyendo acádico. El verbo se halla alrededor de 60 veces en el Antiguo Testamento hebreo. Se menciona por primera vez en Gen 1:29 en el resumen de las bendiciones de la creación que Dios encomendó a la humanidad: “Y todo árbol cuyo fruto lleva semilla”. En una sociedad agrí­cola como la del antiguo Israel, zara> serí­a muy importante y de uso corriente, sobre todo en las descripciones de las siembras anuales (Jdg 6:3; Gen 26:12). En sentido figurado, se dice que Yahveh “sembrará” a Israel en la tierra (Hos 2:23): Yahveh promete que en los postreros dí­as “sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombres y de simiente de animales” (Jer 31:27). Son siempre reconfortantes las palabras: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Psa 126:5). La ley universal de la siega, sembrar y cosechar, se aplica a todas las dimensiones y experiencias de la vida. Un buen ejemplo de la necesidad de traducir libremente el significado básico del término en vez de una traducción estrictamente literal se aplica a zara> en sus formas verbales y sustantivadas. Esto se encuentra en Num_5, que describe la ley de ordalí­a (juicio por prueba) en el caso de una mujer acusada de infidelidad. Si la consideraban inocente, se declaraba: “libre y concebirá [zara>] hijos [lit. Simiente (zera>)]” (Num 5:28 lba). En sí­, la oración quiere decir: “Será absuelta y se le sembrará simiente”, o “será embarazada con simiente”. Un nombre veterotestamentario, Jezreel, se relaciona con esta raí­z. Jezreel (“Dios siembra”) es una ciudad y un valle próximo al monte Gilboa (Jos 17:16; 2Sa 2:9). También es el nombre simbólico de un hijo de Oseas (Hos 1:4). B. Nombre zera> ([r’z², , 2233), “semilla; simiente; siembra; siega; progenie; vástago; descendientes; posteridad”. Este vocablo se encuentra unas 228 veces en hebreo bí­blico y durante todos los perí­odos. Tiene cognados en arameo, fenicio, arábigo, etiópico y acádico. Zera> tiene que ver con el proceso de esparcir “semilla” o “sembrar”. Este es el énfasis en Gen 47:24 (rva): “Y sucederá que de los productos daréis la quinta parte al faraón. Las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, para vuestro sustento”. La mejor traducción de Num 20:5 es: “Este [desierto] no es un lugar de sembrados, ni de higueras, ni de viñas, ni de granados. ¡Ni siquiera hay agua para beber!” (rva). Asimismo con Eze 17:5 “Tomó también de la simiente de la tierra, y la puso en un campo bueno para sembrar, la plantó junto a aguas abundantes”. Un énfasis muy parecido se encuentra en Gen 8:22, en donde el término se refiere a la actividad periódica de “sembrar”: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frí­o y el calor, el verano y el invierno, el dí­a y la noche”. A menudo zera> quiere decir “semilla”. Esta acepción tiene varios matices. El primero con lo que se siembra para producir alimento. Los egipcios dijeron a José: “Cómpranos a nosotros y nuestras tierras a cambio de alimentos, y nosotros y nuestras tierras seremos siervos del faraón. Solo danos semillas para que sobrevivamos y no muramos, y que la tierra no quede desolada” (Gen 47:19 rva). Este término indica el producto de una planta: “Produzca la tierra hierba, plantas que den semilla y árboles frutales que den fruto, según su especie, cuya semilla esté en él” (Gen 1:11 rva: primer caso bí­blico). En este y otros contextos zera> se refiere especí­ficamente a “grano” o “semilla comestible” (cf. Lev 27:30). Este puede ser el significado en 1Sa 8:15 (rva): “Tomará el diezmo de vuestros granos y viñedos”. Por otro lado, puede ser que el vocablo tenga que ver con tierra cultivable, como es el caso en el cognado acádico. En otras ocasiones el término indica toda una “cosecha o siega”: “Porque su semilla será paz; la vid dará su fruto, la tierra su producto y los cielos su rocí­o” (Zec 8:12). En Isa 23:3 zera> y el vocablo hebreo común para “cosecha” (qatséí†r) son sinónimos paralelos. Zera> a veces quiere decir “semen”, la “simiente” del hombre: “Cuando alguien tenga emisión de semen” (Lev 15:16). También puede significar el “semen” de una bestia (Jer 31:27). A menudo zera> significa “progenie o vástago”. Muy pocas veces se refiere a animales: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya” (Gen 3:15). Este versí­culo usa el término en varios sentidos. La primera vez se refiere a los descendientes de la serpiente y del ser espiritual que usó a la serpiente (hombres malignos). La segunda vez se refiere a toda la descendencia de la mujer y, por último, a un descendiente en particular (Cristo). En Gen 4:25 zera> no se usa como nombre colectivo, sino que se refiere a un “vástago” particular e inmediato. Sobre el nacimienrto de Set, Eva comentó: “Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otra simiente” (rv; “descendiente” bj, nbe). En Gen 46:6 se usa el término (en singular) en relación a toda la familia, incluyendo hijos y nietos (cf. Gen 17:12). En pasajes como 1Ki 11:14 el vocablo se refiere a la familia extendida, incluyendo a parientes inmediatos. En Eze 10:3 el término abarca toda una nación. Zera> se usa en grupos e individuos con una cualidad moral común. Este caso se señaló en Gen 3:15: La “simiente” de los benditos del Señor se encuentra en Isa 65:23: El Mesí­as o Siervo Sufriente verá su “linaje”, los que creen en El y le siguen (Isa 53:10). Podemos leer acerca de los seguidores de los justos (Pro 11:21), la “simiente” fiel (Jer 2:21) y “linaje” santo. En cada caso el término habla de quienes tienen a zera> como calificativo común. Varios otros pasajes muestran el mismo matiz, excepto que zera> lo modifica una cualidad indeseable.

Fuente: Diccionario Vine Antiguo Testamento

El devenir de la naturaleza, la historia de las generaciones humanas, el gesto creador y redentor, todo se desenvuelve según un mismo ciclo: siembra, *crecimiento, *frutos y, finalmente, *siega. Hay perfecta correspondencia entre el sentido figurado y el sentido propio de la palabra sembrar.

I. SIEMBRA TERRENAL. 1. La acción divina. El dí­a de la *creación dio Dios a la tierra el poder de producir una vegetación capaz de reproducirse, de “sembrar una semilla” (Gén 1, 11s.29); el que incesantemente “proporciona al labrador la semilla… os la proporcionará también a vosotros” (2Cor 9,10). Regulando los tiempos de la siembra y de la recolección (Gén 8,22), bendice las sementeras del justo con el céntuplo (Gén 26,12) o, por el contrario, frustra la esperanza de los malos (Is 5,10; Miq 6,15), que “sembraron trigo” y “recogen abrojos” (Jer 12,13; cf. Gén 3,18).

Pero si el hombre se convierte, Dios “dará la lluvia para la semilla sembrada en la tierra” (Is 30,23), las tierras podrán ser sembradas (Ez 36, 9).

Si Dios bendice así­ la siembra, parece, sin embargo, temer que el cultivador se aclimate demasiado bien en esta *tierra. El deber de no sembrar la tierra durante el año *sabático (Lev 25,4) exige quizá al israelita el retorno a la vida pastoril que practicaban los rekabitas (Jer 35,7); Jesús da ciertamente a sus discí­pulos el ejemplo de las aves del cielo, que no siembran ni siegan (Mt 6,26 p), a fin de enseñar a confiar plenamente en el Padre celestial.

2. El papel del hombre. Sin embargo, en este abandono total a Dios el hombre debe ser activo.

a) Su responsabilidad. Dios dio al hombre el encargo de perpetuar en la tierra toda semilla y de salvarla del diluvio (Gén 7,3); en caso de hambre debe buscar esta semilla (Gén 47,19), protegerla contra todo contacto impuro (Lev 11,37s). “Por la mañana siembra tu grano; por la tarde no estés inactivo” (Ecl 11,6).

Esta responsabilidad se extiende, en sentido metafórico, en la elección de la semilla y del terreno. En efecto, “se cosecha’ lo que se ha sembrado” (Gál 6,7). Sembrar gérmenes extraños (idolátricos) es obtener quizá una floración rápida, pero no una cosecha (Is 17,1Os). Sembrando la in-justicia o la iniquidad se puede cosechar siete veces más de desgracia (Prov 22,8; Job 4,8; E.do 7,3); “quien siembra el viento recoge la tempestad” (Os 8,7). En lugar de sembrar en la carne debemos sembrar en el espí­ritu (Gál 6,8), -no en las espinas (Jer 4,3), sino en la paz (Sant 3,18) y en la justicia (Os 10,12; Prov 11,18).

Al hombre le corresponde también el rudo laboreo (que según el uso de Palestina tiene lugar después de la siembra), y así­ es como se debe cultivar la sabidurí­a: “penarás algún tiempo cultivándola, pero pronto comerás de sus productos” (Eclo 6,19).

b) Acto de esperanza. Si bien es cierto que el labrador debe tener su parte del producto (lCor 9,10) y que el ideal es cosechar de lo que se ha sembrado, sin embargo, con frecuencia se verifica el refrán: “uno es el que siembra y otro es el que cosecha)) (Jn 4,37). El sembrador debe por tanto fiarse de la tierra fecunda, esperar el agua del cielo sin pensar en someter estos elementos. Siembre, pues, sin espiar el viento (Ecl 11,4), pues de lo contrario no hará nada; “ya duerma o se levante, dí­a y noche germina la semilla y crece, y él no sabe cómo” (Mac 4,27). Pero acuérdese siempre de la experiencia de los hombres: “el que siembra escasamente cosechará escasamente; el que siembra copiosamente cosechará abundantemente” (2Cor 9, 6). La más pequeña de las semillas puede convertirse en un gran árbol (Me 4,31s), el grano fecundo puede dar hasta el ciento por uno (Mt 13, 8 p).

Esta esperanza anima a enterrar en el suelo la semilla, a dejarla morir para que produzca fruto (Jn 12,24); si el que lleva la semilla “se va llorando)), sabe que “cantará al traer las gavillas)) (Sal 126,5s). Esta imagen es una pintura del servicio “en favor de los santos” (Gál 6,7-10; 2 Cor 9,6-13) y la labor apostólica (Jn 4,38; ICor 3,8; 2Cor 9,lOss). Final-mente, si el grano debe morir a fin de recobrar vida (lCor 15,36), lo mismo sucede al hombre mortal que debe *resucitar: “Se siembra en corrupción y resucita en incorrupción… se siembra un cuerpo psí­quico y resucita un cuerpo espiritual” (15,42ss): el cuerpo, confiado a la tierra, resucitará en la gioria de Cristo.

II. SIEMBRA DIVINA. Dios mismo es sembrador: siembra la palabra en el corazón de los hombres, siembra en la tierra el germen que será su verdadera descendencia.

1. La semilla divina. Dios bendice a Adán haciéndolo *fecundo. El término “semilla” (gr. sperma) sirve para designar a la posteridad, la descendencia, el linaje, la raza. Desde los orí­genes se establece un contraste entre la semilla del hombre que se transmite en las *generaciones y el linaje que debe triunfar de la serpiente (Gén 3,15).

Por un lado se trata de la bendición asegurada a la posteridad de Noé (Gén 9,9), de Abraham (Gén 12,7), de Isaac (26,4), de Jacob (32, 13), que será tan numerosa como el polvo de la tierra (13,15s), la arena del mar (22,17) o las estrellas del cielo (15,5; 26,4); la alianza se hace con un individuo y su “semilla”, no sólo con la de Abraham, sino con la de David (2Sa 7,12; 22,51).

Por otro lado nos hallamos con la decepción de Dios ante la infidelidad de esta semilla. Será preciso que sea derribado y cortado el árbol de Jesé, y de su tronco germinará entonces una “semilla santa” (Is 6,13). En efecto, Dios será de nuevo el sembrador (Os 2,25; Jer 31,27) que repoblará a Judá, raza maléfica (Is 1,4) diezmada por el *castigo. Más exactamente, esta semilla se concentrará en un germen, que viene a ser uno de los *nombres del *mesí­as. “He aquí­ un varón cuyo nombre es germen; don-de él está, algo germinará; él reconstruirá el santuario” (Zac 6,12s).

2. La palabra de Dios. En una lí­nea directamente metafórica, la semilla es la *palabra de Dios. Ya el consolador de Israel anunciaba la acción eficaz de la palabra divina, comparándola con la lluvia que hace fecunda la semilla (ls 55,10s). Jesús describe su propia historia a través de la parábola de la siembra (Mt 13, 1-8 p), mostrando el fracaso frecuente de la palabra, como también la sorprendente prosperidad de la semilla cuando cae en buena tierra. Y sin embargo, junto con la buena semilla sembrada por el Hijo del hombre hay también la cizaña que siembra el maligno (Mt 13,24-30.36-43).

Esta palabra es Cristo en persona, que quiso morir en la tierra a fin de llevar *fruto (Jn 12,24.32). Y la Iglesia ha reconocido su propia historia a través de las palabras de Jesús. Ha fortificado su fe presentando a través de los humildes comienzos del reino de los cielos la gloria final: el grano de mostaza se convierte en un gran árbol (M’ 13,31s; cf. Ez 17,23; Dan 4,7-19), conforme a la promesa hecha en otro tiempo a Abraham, de una “semilla” innumerable como las estrellas del cielo. Finalmente, la Iglesia, “semilla” de Jesús (Ap 12, 17), resiste victoriosamente al dragón, puesto que Cristo mora en ella (1 Jn 3,9).

-> Crecimiento – Fruto – Generación – Siega – Palabra.

LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas