LAMPARA – Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología

LAMPARA

v. Antorcha, Luz
1Sa 3:3 antes que la l de Dios fuese apagada
2Sa 22:29 eres mi l, oh Jehová; mi Dios alumbrará
1Ki 11:36 mi siervo David tenga l .. delante de mí
1Ki 15:4 por amor a David, Jehová .. le dio l en
Job 21:17 veces la l de los impíos es apagada
Psa 18:28 tú encenderás mi l; Jehová mi Dios
Psa 119:105 l es a mis pies tu palabra, y lumbrera
Psa 132:17 de David; he dispuesto l a mi ungido
Pro 6:23 el mandamiento es l, y la enseñanza
Pro 13:9; Pro 24:20 mas se apagará la l de los impíos
Pro 20:27 l de Jehová es el espíritu del hombre
Pro 31:18 sus negocios; su l no se apaga de noche
Zec 4:2 siete l encima del candelabro, y siete
Mat 6:22; Luk 11:34 la l del cuerpo es el ojo
Mat 25:1 que tomando sus l, salieron a recibir al
Luk 12:35 estén ceñidos y vuestras l encendidas
Act 20:8 había muchas l en el aposento alto
Rev 4:5 delante del trono ardían siete l de fuego
Rev 18:23 luz de l no alumbrará más en ti, ni voz
Rev 22:5 no tienen necesidad de luz de l, ni de luz


Lámpara (heb. generalmente nêr). La palabra hebrea relacionada, menôrâh, usada para designar al candelabro* de oro del tabernáculo, significa “soporte de lámparas”. La palabra hebrea Iappîd, también traducida como “lámpara”, generalmente es en realidad una antorcha (Jdg 15:4, DHH; Gen 15:17; Isa 62:1; etc.,). En el NT se usan 2 palabras para lámpara: 1. Lújnos (Mat 5:15; Luk 8:16; etc.). 2. Lampás, que es una antorcha (Joh 18:3) o una lámpara (Mat 25:1, 3, 4, 7, 8). Otros vocablos son fanós, que es una linterna (Joh 18:3), y lujní­a, un candelero (Mat 5:15). La Biblia no nos proporciona una descripción de una lámpara, aunque menciona el pábilo (ls. 42:3) y el aceite de oliva como combustible (Exo 25:6; 27:20; Mat 25:3, 4). Sin embargo, las excavaciones en tierras bí­blicas han descubierto una riqueza de lámparas de diversos perí­odos de la historia. Los antiguos eran enterrados con ellas en la creencia de que éstas les proveerí­an luz en el más allá, de modo que muy pocas tumbas del Cercano Oriente no las contení­an. Todas las lámparas tempranas eran de arcilla, pero en el 1er milenio a.C. se empezaron usar de metal. Las primeras eran apenas recipientes o platillos poco profundos, cuya orilla tení­a una gargantita. En ese canal se poní­a una mecha que conducí­a el aceite de olivas u otro combustible hasta la llama. Luego las lámparas se hicieron con gargantas más profundas; más tarde, esa garganta se volcó hacia adentro hasta que el recipiente fue moldeado para tener 2 agujeros: uno en el medio para la entrada de aceite, y otro, que llegó a formar un pico o prolongación, para la mecha. Las lámparas más tempranas no tení­an asiento, sino que se poní­an directamente en el piso o en la arena; pero más tarde se les hicieron bases, y, finalmente, asas. Desde los tiempos helení­sticos fueron decoradas con diseños sencillos; más tarde, con inscripciones y decoraciones más complicadas (fig 301). Algunas tení­an más de una boquilla. Las lámparas ardí­an dí­a y noche en los tiempos antiguos, porque no sólo serví­an para iluminar, sino también para mantener el fuego siempre a mano. En las cavernas excavadas que muestran evidencias de haber sido ocupadas en la antigüedad, se encontraron pequeños nichos en las paredes de roca, lugar donde se poní­an las lámparas para iluminar el lugar. Esas repisas también se encontraron en las paredes de algunas casas, en túneles para agua, y en algunos otros lugares donde regular u ocasionalmente se necesitaba luz. Los antiguos también tení­an candeleros o candelabros donde poní­an las lámparas, hechos de piedra, arcilla o metal. Bib.: R.H. Smith, BA 27 (1964):2-31, 101-124; 29 (1966):2-27. 301. Una serie de lámparas palestina de tiempos patriarcales hasta el perí­odo bizantino. Lana. Véanse Oveja; Tejedor.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

vasija que en la antigüedad se hací­a con barro o con hierro y se le colocaba una mecha que se impregnaba con aceite, Lv 24, 2. Su forma variaba. Las habí­a con adornos y detalles, que utilizaban para iluminar la casa, Jb 18,6. Útiles para alumbrar en la oscuridad en busca de lo perdido, Lc 15, 8; para iluminar a los novios en las bodas, Mt 25, 8-10. Las lámparas se utilizaban también como sí­mbolo de linaje y prosperidad, 1 R 11, 36; Jb 21, 17. En el sitio del culto ardí­an las lámparas constantemente, Ex 30, 8. La l. apagada simbolizaba muerte, destrucción y ruina y maldición, Jb 18, 5-6; Pr 13, 9. Lana, pelo de la cabra o de la oveja. Empleada por los hebreos para tejer sus vestidos, Tb 2, 11, para pagar deudas o dar tributos, 2 R 3, 4.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

Los arqueólogos han descubierto muchos ejemplares con gran variedad de formas, desde los antiguos tazones simples, bajos, en forma de platos hondos (con uno de los lados terminando en una pequeña punta para poder prender la mecha) hasta las tazas cerradas que vinieron más tarde (las cuales tení­an un agujero en la parte de arriba para poner el aceite, con un pico o pitorro para la mecha, y un mango para poder llevarlas). Las lámparas de uso doméstico solí­an ser hechas de terracota o de bronce. Algunas versiones prefieren luz o lamparillas y candeleros en lugares en que la RVA tiene lámpara y candelabros.

El uso de lámparas está mencionado en conexión con los candelabros de oro en el tabernáculo y los diez candelabros de oro en el templo (Exo 25:37; 1Ki 7:49; 2Ch 4:20; 2Ch 13:11; Zec 4:2). La mención más común de lámparas en el NT se encuentra en conexión con su uso en los hogares (Mat 5:15; Mar 4:21; Luk 8:16; Luk 11:33; Luk 15:8).

Tales lámparas eran puestas generalmente sobre un candelabro, el cual solí­a ser un nicho hecho en la pared. Parece que los hebreos estaban acostumbrados a dejar las lámparas encendidas durante la noche en sus recámaras, posiblemente por su miedo a la oscuridad, pero más probable para mantener alejados a merodeadores. Las lámparas que ardí­an con aceite se usaban en procesiones nupciales (Mat 25:1) y contení­an sólo unas pocas cucharadas de aceite, de manera que serí­a necesario tener aceite de reserva. La lámpara encendida se menciona metafóricamente para simbolizar:
( 1 ) La Palabra de Dios (Psa 119:105);
( 2 ) la guí­a de Dios (2Sa 22:29; Psa 18:28);
( 3 ) la salvación de Dios (Isa 62:1);
( 4 ) el espí­ritu humano (Pro 20:27);
( 5 ) prosperidad exterior (Pro 13:9); y
( 6 ) un hijo como sucesor (1Ki 11:36; 1Ki 15:4).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Era el medio ordinario para dar luz, con uno o dos mecheros y un depósito de aceite.

– La Palabra de Dios, y la dirección de Dios, Sal 119:105, 2Sa 22:29; Job 21:17, Sal 18:28, Sal 132:17.

– En el Trono de Dios: Zac 4:2, Rev 4:5
– El ojo es la lámpara del cuerpo, Mat 6:22, Luc 11:34.

– Las 10 ví­rgenes: Mat 25:1, Luc 12:35.

– Luz: Rev 18:23, Rev 22:5, Hec 20:8.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

Utensilio con el cual se producí­a luz. Consistí­a en un recipiente pequeño que se llenaba de aceite de oliva y del cual salí­a una mecha. ésta se empapaba del aceite y ardí­a fácilmente al aplicársele fuego. La mayorí­a de las l. se hací­an de barro. Las más humildes eran l. abiertas, sin ninguna cobertura. Pero también las habí­a con el recipiente cubierto, dejando un orificio arriba por donde se echaba el aceite y otro a un lado por donde se sacaba la mecha. Las personas pudientes podí­an tener l. de metal. En el †¢tabernáculo y el †¢templo habí­a muchas l. pero las principales eran las que formaban parte del †¢candelero. Todas eran de oro (Exo 27:20; Lev 24:2; Num 8:2; 1Re 7:49; 2Cr 13:11).

Simbólicamente se usaba la palabra para señalar la idea de guí­a, orientación, así­ como lí­der; David era †œla l. de Israel† (2Sa 21:17). Dios prometió a David †œque le darí­a l. a él y a sus hijos perpetuamente† (2Cr 21:7). También como señal de vida. Apagar la l. es terminar con la existencia (Job 21:17). Tener la l. de Dios resplandeciendo es disfrutar de bendición y abundancia (Job 29:3). La palabra de Dios es como una l. (Sal 119:105; Pro 6:23).
en hebreo como en griego se usan varias palabras que son traducidas como l., pero que en algunos pasajes se ponen como †œantorcha†, pero que pueden incluir la idea de antorcha, o lumbrera, etcétera. En la nueva Jerusalén los creyentes †œno tienen necesidad de luz de l.† (Apo 22:5).

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, TIPO UTEN

vet, La Biblia menciona frecuentemente la utilización de las lámparas, tanto en el culto como en la vida doméstica. Las siete lámparas del candelero de oro, primero en el tabernáculo, después en el Templo, eran asimismo de oro (Ex. 37:23; 1 R. 7:49); el aceite de olivas machacadas alimentaba la llama (Ex. 27:20). Las despabiladeras para cortar las mechas eran asimismo de oro, lo mismo que los platillos (Ex. 25:38). Las lámparas ordinarias, de tierra, tení­an a veces tapaderas, ya sea independientes, o bien haciendo parte integral del utensilio. Un orificio, en el centro de la tapadera, permití­a la introducción del aceite; en un extremo, otro agujero dejaba pasar una mecha. Nuestra versión Reina-Valera 1960 traduce el vocablo hebreo “nêr” como lámpara, luz de lámpara, linterna (2 S. 21:17; Jer. 25:10; Sof. 1:12). El heb. “lappid” se traduce como teas, antorchas y relámpagos (Jue. 7:16, 20; Is. 62:1; Dn. 10:6; Jue. 15:4; Nah. 2:4; Zac. 12:6; Gn. 15:17; Ex. 20:18). El término gr. se traduce como lámparas y antorchas (Mt. 25:1; Ap. 4:5; Hch. 20:8; Jn. 18:3). En sentido figurado, la lámpara representa la Palabra de Dios (Sal. 119:105; Pr. 6:23). La antorcha es la imagen de la salvación divina (Is. 62:1; Fil. 2:15, “luminares”). El espí­ritu del hombre es una “lámpara de Jehová” (Pr. 20:27). Extinguir la lámpara de alguien significa su destrucción (2 S. 21:17; Pr. 13:9). La lámpara simboliza el testimonio de los creyentes que da luz a las almas perdidas en las tinieblas (Jn. 5:35; Mt. 5:15-16; cfr. Ap. 1:12, 20).

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

(-> luz, candelabro). El Apocalipsis habla de siete candelabros (lykhnia) de tipo más litúrgico, que son sí­mbolo de las iglesias (Ap 1,20), y habla también de una lámpara (lykhnos), de carácter más familiar, que alumbra la casa durante la noche (Ap 18,23), como expresión de vida. Sol y luna fueron lámpara del mundo viejo; en la nueva ciudad ya no son necesarios, pues la alumbra Dios y su lámpara es el Cordero (21,23; cf. 22,5). La luz vieja del sol y la luna cesaban en la noche; la nueva luz de Dios y Cristo, hecha fuente de claridad (lámpara eterna), permanecerá para siempre, sin cambio, atrayendo, iluminando, a todos los pueblos (21,24). Así­ pasamos del Cristo, que mantiene y vigila la luz de la iglesias (Ap 1,12-20; 2,1.5), al Cristo que es lámpara y luz para todos los hombres.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

Vasija usada para producir luz artificial. Tiene una mecha para quemar lí­quidos inflamables, como el aceite. La mecha absorbe el fluido por atracción capilar y alimenta la llama. Las mechas estaban hechas de lino (Isa 42:3; 43:17), junco pelado o cáñamo. El fluido que se solí­a quemar en las lámparas antiguas era aceite de oliva (Ex 27:20), aunque también se usaba el aceite de terebinto.
Cada una de las cinco ví­rgenes discretas de la ilustración de Jesús tení­a una lámpara y un receptáculo con aceite. (Mt 25:1-4.) Los que fueron a detener a Jesús también llevaban consigo lámparas y antorchas. (Jn 18:3.)
Las lámparas caseras por lo general estaban hechas de barro, a pesar de que en Palestina también se han descubierto lámparas de bronce. La lámpara común cananea tení­a la forma de un platillo, con una base redondeada y un borde vertical. (GRABADOS, vol. 2, pág. 952.) Su borde estaba ligeramente acanalado por un lado, formando un pico donde descansaba la mecha. En algunas ocasiones, estaban acanaladas las cuatro esquinas, lo que permití­a poner cuatro mechas. Con el transcurso del tiempo, se hicieron lámparas de formas muy diversas, algunas de ellas cerradas salvo por dos agujeros: uno en la parte superior (casi centrado), por donde se reponí­a el aceite, y el otro en el pico donde se colocaba la mecha. Habí­a lámparas que en el lado opuesto a la punta tení­an un asa anular, a veces horizontal, pero en la mayorí­a de los casos en posición vertical. Las lámparas grecorromanas llevaban figuras mitológicas antropomórficas o de animales, pero las de fabricación judí­a estaban decoradas con dibujos de hojas de parra o espirales.
Las lámparas de platillo más antiguas tení­an el color terroso del barro. En el siglo I E.C. las habí­a de varios colores: marrón claro, anaranjadas y grises. Las de fabricación romana tení­an una capa de vidriado rojo.
Las lámparas que se utilizaban en los hogares y en otros edificios normalmente se colocaban en un nicho en la pared o sobre una repisa que salí­a de una pared o de una columna. También se colgaban del techo por medio de una cuerda, y a veces se poní­an sobre estantes hechos de barro, madera o metal. Tales lámparas iluminaban toda la habitación. (2Re 4:10; Mt 5:15; Mr 4:21.)
No parece haber indicios de que en tiempos bí­blicos se emplearan para alumbrar las velas o candelas que hoy conocemos. En lugar del cilindro de cera o sebo solidificados que se derrite con el calor de la llama, entonces se usaba aceite. Por esa razón, la traducción de la palabra hebrea ner y el sustantivo griego lý·kjnos por †œcandela† o †œvela†, que aparecen con diversa frecuencia en algunas versiones, antiguas y modernas (por ejemplo, en Pro 24:20 [DK; Fer; Scí­o; Val, 1909] y Lucas 11:33 [Enz, Esc, JPP, Petite, TA]), puede considerarse impropia; muchas traducciones modernas emplean correctamente en su lugar la palabra †œlámpara† (BJ; NM; Val, 1960).

Su uso en el santuario. El diseño del candelabro de oro que habí­a en el tabernáculo de Israel era diferente al de los candelabros modernos. Se hizo de acuerdo con las instrucciones que Jehová Dios transmitió (Ex 25:31), ornamentado con globos y flores alternadas, y llevaba tres brazos que salí­an a cada lado de un poste central, con lo que tení­a siete soportes para siete lámparas. En estas lámparas solo podí­a ponerse aceite puro de oliva, batido. (Ex 37:17-24; 27:20.) Posteriormente, en el templo de Salomón hubo diez candelabros de oro y un buen número de candelabros de plata. (1Re 7:48, 49; 1Cr 28:15; 2Cr 4:19, 20; 13:11.)

Jehová es una lámpara y una fuente de luz. Jehová es la Fuente suprema de luz y guí­a. Después de ser liberado de la mano de Saúl y de sus enemigos, David dijo: †œTú eres mi lámpara, oh Jehová, y es Jehová quien hace brillar mi oscuridad†. (2Sa 22:29.) En los Salmos se usa una expresión ligeramente distinta: †œTú mismo encenderás mi lámpara, oh Jehovᆝ, representando así­ a Jehová como el que encendí­a la lámpara que David llevaba para iluminar su camino. (Sl 18:28.)

Jesucristo. En la Nueva Jerusalén de los cielos, según la vio el apóstol Juan en visión, †œno existirá noche†. La luz de la ciudad no proviene del Sol ni de la Luna, porque la gloria de Jehová Dios ilumina directamente la ciudad, igual que la nube de luz que los hebreos llamaban Shekinah iluminaba el Santí­simo del antiguo tabernáculo y del templo. (Le 16:2; compárese con Nú 9:15, 16.) Y el Cordero Jesucristo es su †œlámpara†. Esta †œciudad† arrojará su luz espiritual como guí­a para las naciones, es decir, los habitantes de la †œnueva tierra†. (Rev 21:22-25.)

Reyes del linaje de David. Jehová Dios sentó sobre el trono de Israel al rey David, y este fue, con la dirección de Dios, guí­a y caudillo sabio de la nación. Por eso se le llamó †œla lámpara de Israel†. (2Sa 21:17.) En su pacto del Reino con David, Jehová prometió: †œTu mismí­simo trono llegará a ser un trono firmemente establecido hasta tiempo indefinido†. (2Sa 7:11-16.) Por consiguiente, la dinastí­a o linaje familiar de gobernantes procedentes de David a través de su hijo Salomón fue como una †œlámpara† para Israel. (1Re 11:36; 15:4; 2Re 8:19; 2Cr 21:7.)
Cuando se destronó al rey Sedequí­as y se le llevó cautivo a Babilonia para morir allí­, parecí­a que la †œlámpara† se habí­a extinguido; no obstante, Jehová no habí­a abandonado su pacto, sino que simplemente mantení­a pendiente la gobernación sobre el trono †˜hasta que viniera aquel que tiene el derecho legal†™. (Eze 21:27.) Jesucristo —el Mesí­as y el †œhijo de David†— es heredero de ese trono para siempre, por lo que la †œlámpara† de David nunca se apagará. Como posee el Reino para siempre, es una lámpara eterna. (Mt 1:1; Lu 1:32.)

La Palabra de Dios. Puesto que †œno de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehovᆝ (Mt 4:4), sus mandamientos son como una lámpara que ilumina el camino del siervo de Dios en la oscuridad de este mundo. El salmista declaró: †œTu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda†. (Sl 119:105.) El rey Salomón dijo: †œPorque el mandamiento es una lámpara, y una luz es la ley, y las censuras de la disciplina son el camino de la vida†. (Pr 6:23.)
El apóstol Pedro habí­a visto cumplidas muchas profecí­as sobre Jesucristo y habí­a estado presente en su transfiguración en la montaña. En vista de todo esto, pudo decir: †œPor consiguiente, tenemos la palabra profética hecha más segura; y ustedes hacen bien en prestarle atención como a una lámpara que resplandece en un lugar oscuro, hasta que amanezca el dí­a y el lucero se levante, en sus corazones†. (2Pe 1:19.) Por lo tanto, al cristiano se le anima a dejar que la luz de la Palabra profética de Dios ilumine su corazón. De esta manera le proveerá guí­a segura †œhasta que amanezca el dí­a y el lucero se levante†.

Los siervos de Dios. En el año 29 E.C. Juan, el hijo del sacerdote Zacarí­as, fue anunciando: †œArrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado†. (Mt 3:1, 2; Lu 1:5, 13.) Israel se habí­a desviado de obedecer la Ley, y a Juan se le envió para predicar arrepentimiento y señalar al Cordero de Dios. Tuvo éxito en volver a muchos de los hijos de Israel hacia Jehová su Dios. (Lu 1:16.) Por consiguiente, Jesús dijo de Juan: †œAquel hombre era una lámpara que ardí­a y resplandecí­a, y ustedes por un poco de tiempo estuvieron dispuestos a regocijarse mucho en su luz. Pero yo tengo el testimonio mayor que el de Juan, porque las obras mismas que mi padre me asignó realizar, las obras mismas que yo hago, dan testimonio acerca de mí­, de que el Padre me despachó†. (Jn 5:35, 36.)
Jesús también dijo a sus discí­pulos: †œUstedes son la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad cuando está situada sobre una montaña. No se enciende una lámpara y se pone debajo de la cesta de medir, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así­ mismo resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que ellos vean sus obras excelentes y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos†. (Mt 5:14-16.) Por lo tanto, el siervo de Dios deberí­a apreciar la razón por la que se le da la luz y darse cuenta de que serí­a totalmente insensato y desastroso no dejar que resplandeciera su luz como si se tratase de una lámpara.

Otros usos figurados. Aquello de lo que una persona depende para iluminar su camino está simbolizado por una lámpara. Con tal sí­mbolo, el proverbio contrasta al justo con el inicuo, diciendo: †œLa mismí­sima luz de los justos se regocijará; pero la lámpara de los inicuos… se extinguirᆝ. (Pr 13:9.) La luz del justo continuamente se hace más brillante. Sin embargo, en el caso de los inicuos, por más que dé la impresión de resplandecer su lámpara y, como consecuencia, por próspero que pueda parecer su camino, Dios hará que terminen en oscuridad, donde sus pies, con toda seguridad, tropezarán. Este es el resultado que le espera a aquel que invoca el mal contra su padre y su madre. (Pr 20:20.)
El que se †˜extinga la lámpara†™ de alguien también significa que no hay ningún futuro para él. Otro proverbio dice: †œNo resultará haber futuro para ninguno que es malo; la mismí­sima lámpara de los inicuos se extinguirᆝ. (Pr 24:20.)
Cuando Bildad dio a entender que Job estaba escondiendo alguna maldad secreta, dijo en cuanto al inicuo: †œUna luz misma ciertamente se oscurecerá en su tienda, y en ella su propia lámpara se extinguirᆝ. Más adelante, Bildad añade a su argumento lo siguiente: †œNo tendrá posteridad ni descendencia entre su pueblo†. En vista de que se dijo que Salomón, hijo de David, era una lámpara que Dios le habí­a dado a su padre, el apagar la lámpara de alguien puede transmitir la idea de que tal persona no tendrá progenie para recibir su herencia. (Job 18:6, 19; 1Re 11:36.)
De manera figurada, el ojo de una persona es una †œlámpara†. Jesús dijo: †œLa lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo [o: †œes sincero; está todo en una sola dirección; está enfocado; es generoso†], todo tu cuerpo estará brillante; pero si tu ojo es inicuo, todo tu cuerpo estará oscuro†. (Mt 6:22, 23, nota.) El ojo es como una lámpara porque permite al cuerpo andar sin tropezar o topar con algo. Naturalmente, Jesús pensaba en †˜los ojos del corazón†™ (Ef 1:18), como lo muestra el contexto.
Cuando en Proverbios 31:18 se dice de la buena esposa: †œSu lámpara no se apaga de noche†, se emplea una expresión figurada que significa que ella trabaja industriosamente por la noche e incluso se levanta antes del amanecer para trabajar más. (Compárese con Pr 31:15.)
Según Proverbios 20:27, †œel aliento del hombre terrestre es la lámpara de Jehová, y escudriña cuidadosamente todas las partes más recónditas del vientre†. Lo que una persona †œexhala† o expresa en público, sea bueno o malo, revela o arroja luz sobre su personalidad o lo más recóndito de ella. (Compárese con Hch 9:1.)

[Fotografí­a en la página 185]
Lámpara antigua decorada con una †œmenorᆝ estilizada

Fuente: Diccionario de la Biblia

1. lampas (lampav”, 2985) denota antorcha (relacionado con lampo, resplandecer), frecuentemente alimentada, como una lámpara, con aceite procedente de un pequeño recipiente utilizado para este propósito (el angeion de Mat 25:4); contení­an poco aceite y necesitaban que se las rellenara con frecuencia. Rutherford (The New Phrynichus) señala que vino a ser utilizado como equivalente de lucnos (Nº 2), como en la parábola de las diez ví­rgenes (Mat 25:1,3,4,7,8; Joh 18:3 “antorchas”; Act 20:8; Rev 4:5; 8.10: “antorcha”). Véase Nota más abajo.¶ Cf. fanos, antorcha (18.3; traducido “linternas”).¶ 2. lucnos (luvcno”, 3088) es una lámpara portátil generalmente puesta sobre un soporte (véase CANDELERO). Este término se usa: (a) literalmente, “luz” (Mat 5:15; Mc 4.21; Luk 8:16; 11.33), “lámpara” (Mat 5:36; 15.8; Rev 18:23; 22.5); (b) metafóricamente, de Cristo como el Cordero (Rev 21:23 “lumbrera”); de Juan el Bautista (Joh 5:35 “antorcha”); del ojo, “lámpara” (Mat 6:22; Luk 11:34); de disposición espiritual (Luk 12:35 “lámparas”); de la palabra profética (2Pe 1:19 “una antorcha”). Véanse ANTORCHA, LUMBRERA, LUZ.¶ “Al traducir lucnos y lampas nuestros traductores no han hecho pleno uso de los términos que tení­an a su disposición. Si hubieran traducido lampas siempre como antorcha, en lugar de una sola vez (Joh 18:3), ello hubiera dejado el término “lámpara” libre. Dejando a un lado los otros términos, podrí­an haber traducido siempre lucnos como “lámpara” en todos los lugares en que aparece” (De Trench, Synonyms,¶ xlvi). Nota: No hay ninguna mención de candela o vela en el original, ni en el AT ni en el NT. La figura de aquello que se alimenta de su propia sustancia para dar su luz serí­a totalmente inapropiada. Una lámpara es alimentada por aceite, que en su simbolismo es figura del Espí­ritu Santo.

Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento

Por su luz significa la lámpara una presencia viva, la de Dios, la del hombre.

1. La lámpara, sí­mbolo de la presencia divina. ((Tú eres, Yahveh, mi lámpara” (2Sa 22,29). Con esta exclamación proclama el salmista que sólo Dios puede dar luz y vida. ¿No es el creador del *espí­ritu que hay en el hombre, como “una lámpara de Yahveh” (Prov 20,27)? ¿No ilumina como con una lámpara el *camino del creyente con su *palabra (Sal 119,105), con sus mandamientos (Prov 6,23)? ¿No son las Escrituras proféticas “una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que comience a despuntar el dí­a y salga en nuestros corazones el astro de la mañana” (2Pe 1,19)? Cuando venga este *dí­a supremo, ya no habrá más “noche; los elegidos no tendrán necesidad de lámpara o de sol para alumbrarse”, porque “el cordero les servirá de luminar” (Ap 22,5; 21,23).

2. La lámpara, sí­mbolo de la presencia humana. El simbolismo de la lámpara se descubre en el plano más humilde de la presencia humana. A David promete Yahveh una lámpara, es decir, una descendencia perpetua (2Re 8,19; IRe 11,36; 15, 4). Por el contrario, si el paí­s es infiel, amenaza Dios con hacer desaparecer “la luz de la lámpara” (Jer 25,10): entonces ya no habrá felicidad duradera para el malvado, cuya lámpara se extingue pronto (Prov 13,9; Job 18,5s).

Israel, para significar su *fidelidad a Dios y la continuidad de su *oración, hace arder perpetuamente una lámpara en el santuario (Ex 27,20ss; lSa 3,3); dejar que se extinga serí­a dar a entender a Dios que se le abandona (2Par 29,7). Viceversa, dichosos los que *velan en espera del Señor, como las ví­rgenes prudentes (Mt 25,1-8) o el servidor fiel (Lc 12,35), cuyas lámparas se mantienen encendidas.

Dios aguarda todaví­a más de su fiel: en lugar de dejar la lámparabajo el celemí­n (Mt 5,15s p), él mismo debe brillar como un foco de luz en medio de un mundo pervertido (FIp 2,15), como en otro tiempo el profeta *Elí­as, ,cuya “palabra ardí­a como una antorcha” (Eclo 48, 1), o como *Juan Baustista, “lámpara que ardí­a y lucí­a” (In 5,35) para dar testimonio de la verdadera luz (1,7s). Así­ la Iglesia, fundada sobre Pedro y Pablo, “Los dos olivos y los dos candeleros que están delante del Señor de la tierra” (Ap 11,4), debe hacer irradiar hasta el fin de los tiempos la *gloria del Hijo del hombre (1,12s).

-> Luz – Velar.

LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas