TABLAS ASTRALES

(-> libros, astros, Henoc). Conforme a la visión de los apocalí­pticos*, hay un libro celestial, fijado por Dios y expresado en el curso de los astros. Así­ lo describe Henoc en el Libro Astronómico (de Las luminarias celestes), cuando su guí­a Uriel* le dijo: “Mira, Henoc, las tablas celestiales y lee lo que está escrito en ellas, entérate de cada cosa. Miré las tablas celestiales, leí­ todo lo escrito y supe todo; y leí­ el libro de las acciones de los hombres y todos los seres carnales que hay sobre la tierra, hasta la eternidad. Entonces bendije al gran Señor, al Rey de la gloria eterna, por haber hecho toda la obra del mundo, y alabé al Señor por su paciencia con los hijos de Adán” (1 Hen 81,1-4). Por eso, a fin de expresar en su vida personal y social el orden sagrado del cosmos, el apocalí­ptico ha de ser un astrónomo, celoso de conocer y mantener la ley de los años, meses y dí­as. En esta perspectiva, el Libro más hondo de la voluntad y misterio de Dios no es la Ley social-ceremonial de la Torah judí­a, sino la más profunda armoní­a del cosmos, que puede leerse en las estrellas. La fí­sica cósmica se sitúa de esa forma en el principio y centro de la revelación sagrada, con riesgo de convertir la historia humana en expresión de una fatalidad astral. La sacralidad cósmica ha sido amenazada por el pecado de algunos astros/ángeles y de aquellos hombres (incluso israelitas) que siguen su mentira y celebran erradamente las fiestas de un cosmos que ha roto el orden que Dios le impuso en el principio. Por el contrario, los fieles apocalí­pticos conocen el orden primero del mundo y celebran la gloria de Dios conforme al verdadero calendario, separándose de la corrupción de los israelitas pervertidos y de los gentiles. Ellos, los buenos apocalí­pticos, leen los libros astrales, donde se encuentra la verdadera sabidurí­a, de manera que sus libros pueden presentarse como una expansión y despliegue de la verdad original de las tablas celestiales. Porque habí­an descubierto y querí­an mantener el verdadero culto y calendario astral se separaron de resto de Israel algunos grupos apocalí­pticos, entre ellos los apocalí­pticos esenios vinculados a la tradición de Qumrán. Esta veneración astral de la apocalí­ptica judí­a está relacionada con la religiosidad cós mica de algunos cí­rculos de pensamiento griego y con otros tipos de religiosidad oriental (sobre todo babilónica). Muchos apocalí­pticos, opuestos al desorden astral del mundo viejo, han sido básicamente astrónomos sagrados, iniciando así­ una lí­nea que desembocará en la especulación y religiosidad astrológica de tiempos posteriores. Es evidente que una religiosidad que se vincula de esta forma con el orden o desorden de los astros ha de tener un fuerte carácter esotérico y predestinacionista: sólo algunos, los elegidos y sabios, conocen el verdadero orden del cosmos; ellos, y todos los restantes humanos, se encuentran predestinados por un tipo de destino, tienen sus suertes marcadas en el mundo de los astros.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

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