Iglesias se capacitan para ayudar a enfermos con cáncer

Cáncer es una palabra que nadie quiere escuchar. Pero las estadísticas muestran que la mitad de los hombres y un tercio de las mujeres contraen la enfermedad. En muchos casos, la persona simplemente sufre en silencio mientras lucha contra este mal. Tras esta información, una organización decidió comenzar a capacitar iglesias para que ayuden a quienes lo padecen.

Tras años de aconsejar a pacientes con cáncer, el reverendo Percy McCray sabe que ellos soportan una carga distinta a las personas que luchan contra otras enfermedades.

“Los pacientes con cáncer luchan psicológica y emocionalmente, pero especialmente los creyentes, luchan contra su fe… ‘¿Qué hice mal? ¿Hice algo que causó que Dios me castigara?’”, dice McCray.

Gracias a su formación, el reverendo McCray sabe lo importante que es la motivación. Él se percató que otros también necesitan aprender ésta habilidad.

“Un paciente me compartió que había sido más impactado por el apoyo que recibió en nuestro hospital que en su iglesia local”, indica McCray.

Por lo general las iglesias tratan, de manera muy eficaz, con problemas como la adicción o asuntos maritales, pero pueden quedarse cortas cuando se trata de temas de salud… En especial con el cáncer.

“Con lo que luchan es contra: ‘¿Qué digo?, ¿En qué momento lo digo? y Cómo lo digo?’ Una de las dinámicas principales entre el paciente con cáncer y su cuidador es que se siente aislado y la gente lo evita por completo”, dice McCray.

Para cerrar éste vacío, McCray y sus asociados de Cancer Treatment Centers of America, se acercaron a las iglesias para enseñarles cómo ministrar a enfermos con cáncer. Éste movimiento se llama “Nuestro Viaje de Esperanza”.

Cancer Treatment Centers of America ofrece formación gratuita para dos personas de una iglesia que usan lo que aprenden aquí para levantar ministerios del cáncer en sus congregaciones.

Los participantes aprenden lo básico sobre el cáncer y el tratamiento con el fin de centrarse en lo que siente el paciente.

Un incentivo para las iglesias es que la capacitación, la comida, el hospedaje y los materiales del curso son gratis.

“No queríamos limitar a la iglesia promedio a no recibir este entrenamiento debido a una falta de recursos”, comenta McCray.

Lawanda Long asistió al seminario años atrás y ahora, enseña lo que aprendió a voluntarios de la Iglesia Bautista Enon en Atlanta.

“Cuando anunciamos la apertura del ministerio, empezamos con doce a quince personas, todos de cierta forma relacionados con la enfermedad, ya sea sobrevivientes o cuidadores de un paciente con cáncer”, expresa Long.

Ella les enseña a los voluntarios una noche a la semana, durante dos meses, con el fin de prepararlos para que se reúnan con pacientes con cáncer en su iglesia.

“A veces no saben qué decir a quienes luchan contra el cáncer. A veces dicen: ‘Yo tuve un ser querido que padeció cáncer. Él tenía los mismos síntomas y murió’. ¡Eso no se dice! Lo principal es entrenar personas que tengan empatía, que los escuchen y no traten de dar una solución, solo que estén allí para que se den cuenta que Dios está en todas partes y que Él tendrá un testigo en cada situación”, relata Long.

Hasta ahora, el ministerio es un éxito.

“Muchas veces las personas no comprenden el impacto que produce el cáncer en una familia y en una persona. Es algo más que un perjuicio físico. Ataca su espíritu y su alma”, dice Long.

Lisa McDermott recuerda el sufrimiento que atravesó durante los cinco meses que recibió quimioterapia para cáncer de mama.

“En mi caso me dio más que todo cansancio. No podía levantarme del sillón”, indica McDermott.

Ella le pidió al ministerio del cáncer que la ayudara con sus necesidades diarias.

“Se siente una gran diferencia cuando estás tan enferma como para hacer algo. No te sientes bien. No quieres lavar platos, levantarte, comprar los víveres, ni manejar a ningún lado. Así que es bueno, es un gran ministerio”, comenta McDermott.

Lisa trató con solo una persona de contacto, quien reclutó a otros.

“Todo hace la diferencia. Las llamadas, las tarjetas, las cartas, solo saber que las personas piensan, oran y se preocupan por mí”, asevera McDermott.

El ministerio del cáncer causó tal impresión, que Lisa ahora desea ser entrenada.

“Preparamos paquetes para todas las personas que nos refieren. Un paquete con todo tipo de cosas como libros, diarios, medias para darles calor, gorros y cosas hermosas como joyería”, relata McDermott.

Cuando la mama de Nefertiti sufrió cáncer de ovario y colon, el ministerio intervino.

“No hay palabras! Ellos fueron increíbles. Justo cuando piensas que estás solo, no lo estás”, dice Nefertiti Dixon.

Aunque su madre perdió su lucha, el ministerio del cáncer hizo que sus últimos días fueran más fáciles.

“Ayudaron en la casa, con comida, con cosas que mi mamá necesitaba. Ella necesitaba ayuda con ciertas diligencias, con medicina. A veces solo quería a alguien que se sentara y hablara con ella. Una compañía”, precisa Dixon.

También ayudaron a Nefertiti, una madre trabajadora con dos hijos, que se sentía abrumada con la presión de cuidar a su madre enferma.

Mientras es probable que el cáncer siga atacando a muchos, las iglesias ahora pueden ayudar a esos pacientes que luchan contra la enfermedad.

Fuente: www.MundoCristiano.tv